Para motivar a los demás, primero descúbrete a ti mismo

Siempre que se plantea el tema de la motivación, se parte desde el mismo enfoque: “Quiero motivar a mi equipo para que rinda más, sea más productivo y estén más a gusto”.
Muy bien, pero para conseguir esa meta, tengo que tener presente que antes de hacerme responsable de las inquietudes de mis colaboradores, he de ser consciente de las mías propias para poder comprender qué necesito yo y el proceso que me va a llevar a mantener ese esfuerzo (y así comprender a los demás) para lograr ese objetivo.
Muchas veces confundimos motivación con deseo. Deseos son los que nos marcamos a principio de año, es decir, aprender inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar (el que fume…),… pero ¿cuánto tiempo me dura esta intención? ¿hasta el 15 de Enero?, ¿1 de Febrero?, ¿2 de Enero?… y cuando no lo logro pienso…. claro, es que no estoy motivado.
Hemos de pensar que para que algo me motive, ha de cubrir una necesidad, una necesidad que para mí sea lo suficientemente importante como para mantener el esfuerzo y pueda ser consistente en el tiempo.
Cuando tenemos un equipo que depende de nosotros, es fácil que comencemos con nuevas iniciativas, con muy buenas intenciones y con el fin de satisfacer a todo mi equipo, pero… ojo!!, hemos de ser conscientes de que siempre va a haber alguien que no le guste el cambio o la iniciativa que proponemos y hemos de ser fuertes para, si creemos en esa acción, perseverar y hacer que sea efectiva (seamos flexibles, pero constantes). El ser humano es resistente al cambio por naturaleza. Asumamoslo.
Por lo que para empezar, he de conocer qué se me da mejor, qué tengo que mejorar y a dónde me gustaría llegar y llevar a mi equipo. A partir de ahí, focalicemos nuestra atención en ellos.
Como mandos, tenemos dos obligaciones en cuanto a motivación de nuestros colaboradores, una motivarles como equipo, otra tenerlos motivados como personas, como individuos.
Por defecto, nos quedamos en la primera porque pensamos que la única herramienta de motivación para la segunda es la económica.
El dinero es un factor higiénico (teoría de Hertzberg), que me motiva una vez al mes (depende del salario… pero no dura muchos meses …), los factores propios del trabajo y de las relaciones en el mismo, me pueden motivar o desmotivar los 29 días restantes.
Hagamos un ejercicio y escribamos lo siguiente: ¿Qué más me gusta de mi trabajo? ¿Qué tendría que mejorar? y de ahí nos planteamos un objetivo a corto y otro a medio plazo.
Quizás, si hiciéramos estas preguntas a cada uno de nuestros colaboradores, tendríamos la información que necesitamos, y si no es suficiente,… seguimos buscando… como nos decían los yogures de DANONE.

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