168/365. La chica que envolvía regalos…

Fin de semana de la Blogosfera…. Premios… amigos… por supuesto… un cuento
LA CHICA QUE ENVOLVÍA REGALOS.
Esto era una vez, hace mucho, mucho tiempo, una chica que envolvía regalos con papel de colores.

Los tenía de color azul, de color rojo y de color verde brillante.
Con el papel de color azul envolvía los regalos de cumpleaños.
El de color rojo lo usaba para regalos com mucha pasión, los regalos del amor.
El papel verde brillante lo reservaba para regalos a amigos y amigas.

Nuestra chica era muy meticulosa con el tema de los colores. Ella misma era quien había establecido la costumbre de usar cada color para una ocasión.

Nunca se equivocaba.

Un día llegó a la ciudad donde vivía la chica del cuento un comerciante chino, montado en una carreta de colores, que era tirada por dos fuertes caballos blancos.

A la mañana siguiente el comerciante chino se instaló en la plaza de la ciudad donde tooodos los comerciantes instalaban sus puestos.

La chica del cuento madrugó. Fue la primera en llegar a la plaza.

Allí estaba el señor de la China, con un puesto lleno de papeles de colores.

Los había de todos los tipos.

Con franjas rectas de colores cálidos.
Con líneas curvas de tonos fríos.
Con círculos de diversos tamaños, sobre fondos tenues.
Con purpurina brillante, con reflejos dorados, con brillos fluorescentes.

Nunca nadie había visto en esa ciudad unos papeles de envolver regalos tan variados y agradables.

La chica de nuestro cuento se quedó sorprendida, y se le ocurrió la mejor idea de su vida.

Compró todos los papeles de regalo que el señor de la lejana China había traído a su ciudad.

A partir de ese día, cuando era el día del cumpleaños de alguien, envolvía sus regalos con los papeles que había comprado.

Ya no necesitó nunca poner dentro de las cajas un regalo dterminado; pues los papeles eran tan originales, que el propio envoltorio era el mejor de todos los regalos.

Se pasó el resto de sus existencia regalando cajas en las que metía un cuento, una poesía, un dibujo o una historia que se inventaba.

Y luego los envolvía con mucho esmero con papeles de franjas rectas de colores cálidos.

Con líneas curvas de tonos fríos.
Con círculos de diversos tamaños, sobre fondos tenues.
Con purpurina brillante, con reflejos dorados, con brillos fluorescentes.

Algunos de sus amigos abrían los regalos y leían el cuento, pasaban un rato dulce saboreando la poesía, se dejaban acariciar por las líneas suaves de los preciosos dibujos o se relajaban con la historia que les había regalado.

Pero los más listos, nunca abrían el regalo.

Lo ponían en lo alto de una alacena de la habitación donde dormían.

Y cada noche cuando se acostaban y cada mañana, a la hora de despertar, lo primero que veían era su regalo; envuelto con un bonito papel de colores.

Y así pasaban los días, felices de saber que cuando volvieran a casa, había un regalo esperándoles.

Esta es la historia de una chica que envolvía regalos con papel de colores.

Y de los sueños que fue capaz de crear.

Unos sueños de colores.

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