294/365. La taza de té

Hoy, como todos los días que puedo al rato de comer, me tomo una taza de té con leche… debe ser el espíritu inglés que hay en mí que normalmente sobre las 5 mi cuerpo me lo pide…
Me lo tomo y lo disfruto, cuando estoy en la oficina porque mientras estoy trabajando me permite seguir concentrada y mientras estoy en casa, me permito saborearlo tranquilamente en el sofá mientras veo una serie…
En mis manos además ha caído un cuento japonés que me ha hecho reflexionar sobre el té y sobre los prejuicios y otros elementos que ya he comentado alguna vez en el blog.. de cómo las opiniones forjadas de forma previa y/o los conocimientos estancados nos impiden ser conscientes y escuchar lo que nos rodea… ya que como bien dice el título del blog… “la verdad absoluta no existe”, no?
El cuento “La taza de té”, dice así:
“Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.
Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba papas o remendaba la ropa.
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El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.
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Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo.
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El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.
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– ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
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– Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura, ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones, de su cultura, y conjeturas eruditas y completas, igual que esta taza. ¿Cómo puedo hablarle de la sabiduría, que solo es comprensible a los ánimos sencillos y abiertos, si antes no vacía su taza?”
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El profesor comprendió la lección y desde aquel día se esforzó en escuchar las opiniones de los demás sin despreciar ninguna de ellas.

Puesto que la clave es no juzgar y permanecer atento.”
Y ahora… ¿nos tomamos un té?

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