Las competencias, reflejo de nuestra personalidad

Seguro que más de uno en alguna ocasión ha visto esta imagen a alguna parecida en algún curso de habilidades / liderazgo / desarrollo personal, etc

El concepto de “iceberg” es el más utilizado como representación de la esencia de la personalidad y la proporción que representan nuestras conductas como reflejo de la misma.

Ante el supuesto de que las conductas sean representación o reflejo de nuestra personalidad, y teniendo en cuenta que las competencias las medimos a través de indicadores comportamentales ¿podemos decir que las competencias son un reflejo de nuestra personalidad? ¿y si a nivel organizacional nos miden a través de competencias? ¿qué significa?

Lógicamente, no sólo nuestra personalidad, también nuestros valores y creencias nos hacen ser quienes somos y por tanto comportarnos de una determinada manera (en nuestros ámbitos profesional y personal, por supuesto).

El hecho de que en las organizaciones se implante la gestión por competencias nos permite un mayor desarrollo, debido a que por un lado nos permite conocer el nivel del que partimos, es decir, el cómo somos o cómo nos estamos comportando en estos momentos, sino también cuál puede ser nuestra línea de mejora.

Evidentemente, nuestra personalidad nos predispone pero no es determinante; nuestro estado emocional nos influye y el comportarnos de una determinada manera no significa que seamos así o que no tengamos capacidad para desarrollar nuestras competencias, simplemente estamos comportándonos o estamos mostrando unas determinadas conductas que indican un nivel de desempeño (cada empresa elige / decide los diferentes niveles, aunque los más usados estarían divididos en 4-5 niveles) y por eso de un año a otro podemos mejorar/ empeorar en algunas de ellas manteniendo cierta constancia.

Y ahora bien, ¿todas las características de la personalidad son competencias? todas las que tengan relación con el ámbito profesional y que puedan ser traducidas a indicadores comportamentales en diferentes niveles.

Hace poco puse en twitter una frase del Talmud: “Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente sé discreto” y recientemente en una reunión se me planteó la siguiente pregunta: ¿es la discreción una competencia?; siguiendo el planteamiento anterior plantearía las siguientes preguntas: ¿se traduce la discreción a conductas/ comportamiento? ¿se puede nivelar?. A ambas preguntas creo que podemos contestar con una afirmación, ahora bien, en cuantos niveles y qué indicadores comportamentales representan cada nivel… primero la empresa tendía que definir qué entienden por discreción para poder pasar a identificar los comportamientos en cada nivel.

Como referencia en el libro “Gestión por competencias” de Eduardo Rábago López la define como: Manejo respetuoso y oportuno de las informaciones de las que dispone, tanto de carácter personal como relativas a la empresa. Y en un proyecto de la Universidad de Huelva la definen como: Vela por la confidencialidad de datos, información sensible y/o personal o que pueda comprometer a la Organización, así como actúa con sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. Manifiesta reserva, prudencia, circunspección.

¿Qué os parece a vosotr@s?

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