Los valores que tiramos…

Como todos los meses de Mayo y Junio ha sido un non-stop de impartir formación y eso ha hecho que haya estado un poco menos 2.0…

Como siempre me gusta reflexionar tras las formaciones de lo que veo, oigo, siento… tanto de los participantes como de mi misma. Creo que la vida es un continuo aprendizaje y el relacionarnos con personas, hace que exponencialmente podamos aprender el doble…

La cuestión, ya escribí hace tiempo sobre un ejercicio de valores que suelo hacer y que genera alto impacto, tanto para darnos cuenta de cuáles son nuestras prioridades en la vida, la frecuencia que hace que no satisfacemos o cuidamos un determinado valor, así como quizás identificar qué valores están siendo “atacados” por algunas personas y/o el entorno que nos rodea.

Los valores que tiramos

La cuestión, es que para priorizar, normalmente uso en clase un ejercicio de visualización de un crucero en el que nuestros valores son nuestro equipaje. Tras unos minutos nos encontramos que hemos vivido una situación crítica en la que para salvarnos tenemos que tirar primero un valor y después otro.

Es decir, comenzamos el ejercicio con 5 valores como equipaje (los más significativos y rigen nuestra forma de entender la vida) y nos tenemos que quedar con los 3 principales.

Esos 2 valores que tiramos no significa que no sean valores nuestros, sino que ante situaciones de estrés, que nos sobrepasan en el día a día o por circunstancias especiales los “tiramos a la basura”.

Lo curioso es, que (estoy tentada de hacer un estudio….) los valores que solemos tirar son los mismos y/o parecidos; la humildad, generosidad, el respeto, la libertad,… los tiramos, y es posible que los tiremos de manera más o menos consciente. El tema está en detectar cuando tiramos valores sin darnos cuenta y entonces es tarde cuando empezamos a ser conscientes de que los estamos tirando. Por ejemplo, cuando tiramos la salud, la familia, los amigos….

Evidentemente somos personas y aunque tratemos de ser íntegros, a lo largo de nuestra vida vivimos situaciones que nos hacen “tirar valores” a la basura y por ese motivo no quiere decir que seamos peores personas o que seamos “menos nosotros mismos”, significa que somos humanos.

La cuestión que nos debemos hacer o nos debemos replantear es cuando es muy frecuente que un determinado valor esté en la basura… es entonces cuando nos debemos preguntar ¿porqué?, y lo que es más importante, ¿para qué me servía ese valor? igual nos damos cuenta que habéis cambiado o que incluso … es un valor impuesto…

Da mucho que pensar ¿no? ¿qué opinais?

Cadena de Sonrisas

Ayer ya avanzaba en Twitter esta idea. Me gustaría comenzar este Lunes con buen talante y no sólo con buenos propósitos sino con acciones que transmitan optimismo, buen rollo y compromisos de acción.

Lo que quería proponeros está inspirado en el siguiente cuento de Pedro Pablo Sacristán que se titula como dice el Post: “Cadena de sonrisas”

La señorita Elisa aquel día había propuesto un nuevo reto a sus alumnos: la alegría, y lo había hecho en plan desafío de récord. Les había nombrado “recaudadores” de alegría, para ver qué se les ocurría con tal de provocar la alegría de los que les rodeaban. Y aunque todos hicieron cosas realmente encantadoras, aquella vez Carla Simpatías dejó a todos con la boca abierta.
Algunos días después del encargo de la señorita Elisa, Carla apareció cargando un gran saco.

– Aquí traigo toda la alegría que he recaudado en estos días -dijo sonriente.

Todos estaban expectantes, pero la niña no quiso mostrar el contenido del saco. En vez de eso, sacó una pequeña caja, tomó una cámara de fotos instantánea, y le entregó la caja a la maestra.

– Ábrala, señorita Elisa.

La profesora abrió la caja despacio y miró en su interior, y una gran sonrisa se dibujó en su rostro; en ese momento, Carla le hizo una fotografía. Luego le entregó la foto y un papel.
La maestra leyó el papel en silencio, y cuando terminó, señaló con gesto de sorpresa el gran saco.

– Así que eso es…
– ¡Sí! -interrumpió la niña, deshaciendo el nudo que cerraba el saco- ¡un gran montón de sonrisas!

Y del saco cayeron cientos de fotos, todas ellas de variadas y bellas sonrisas.
El resto de la clase lo dedicaron a explicar cómo a Carla se le había ocurrido iniciar una cadena para alegrar un poquito a las personas: en la caja sólo había una foto con una gran sonrisa, y todos, al abrirla, sentían la alegría que transmitía y respondían a su vez con una sonrisa, casi sin querer. Carla les sacaba una foto con su propia sonrisa, y les entregaba un papelito donde les pedía que hicieran lo mismo con otras personas, y le enviaran una copia de las fotografías a la dirección de su casa.
Y durante aquellos días y meses, el buzón de Carla no dejó de llenarse de las fotos de las sonrisas de tanta gente agradecida, ayudando a todos a comprender que el simple hecho de sonreir ya es un regalo para todo el mundo.

Pues lo que os propongo es eso simplemente, en este caso en lugar de en un sobre colgar fotos en Pinterest, yo comienzo con la mía.

 Cadena de sonrisas

¿Ahora te animas??
Vamos a sumar sonrisas!!! Por favor, para poderlas sumar todas al subir la foto en Pinterest, poner #cadenadesonrisas

59/365. Un corazón, un regalo

Me encanta tener este corazón en mi mesa… me recuerda que el amor y la generosidad son elementos fundamentales en el día a día, para nosotros y para todo aquél que nos rodea.
Y como regalo… un cuento:
– “Lo que más me deprime es la absoluta vulgaridad de mi existencia. Jamás en la vida he hecho nada tan importante como para merecer la atención del mundo”.
– “Te equivocas si piensas que es la atención del mundo lo que hace que una acción sea importante”, dijo el Maestro.
Siguió una larga pausa.
– “Bueno, pero es que tampoco he hecho nada que haya influido en alguien, ni para bien ni para mal…”
– “Te equivocas si piensas que es el influir en los demás lo que hace que una acción sea importante”, volvió a decir el Maestro.
– “Pero, entonces, ¿qué es lo que hace que una acción sea importante?”
– “El realizarla por sí misma y poniendo en ello todo el propio ser. Entonces resulta ser una acción desinteresada, semejante a la actividad de Dios”.
Cuento de Anthony de Mello. “Un minuto para el absurdo”

¿Búho o Alondra? Dime qué eres y te diré como afecta a tu gestión del tiempo


En muchos sitios podemos encontrar diferentes técnicas para gestionar el tiempo: por prioridades, GTD, etc… pero ¿porqué en muchos casos no nos funcionan? sinceramente, porque no somos objetivos con nosotros mismos ni con nuestra propia personalidad.
¿Qué significa ser búho o alondra?… es la representación de nuestro nivel de actividad mental, sobre todo porque no a todas las horas solemos estar igual de despejados y más cuando hay tareas que nos requieren más nivel de atención que otras.
Si somos personas que estamos más concentradas a primera hora de la mañana y que poco a poco nuestro nivel de concentración o actividad baja … somos alondras.
Si por el contrario, somos de las personas que las primeras horas de la mañana son más duras para tareas que requieran concentración y que por lo menos hasta mitad de la mañana no comenzamos a despejarnos pudiendo mantener nuestro nivel de concentración hasta finalizar el día … somos búhos.
¿Por qué conocer estas características son relevantes? porque en gestión del tiempo aprendemos técnicas de cómo identificar las tareas que son más relevantes en cada uno de nuestros puestos de trabajo, y a partir de ahí diferenciar la famosa coyuntura: importante vs urgente, pero nos quedamos ahí.
Cuando nos preocupamos por aprender técnicas de gestión del tiempo, no consideramos el aspecto de la personalidad ni de nuestro carácter, y nos molestamos en adquirir libros, técnicas e incluso aparatos electrónicos que faciliten nuestra gestión del tiempo sin considerar nuestro carácter, nuestro entorno, nuestras habilidades…. sin darnos cuenta que sin tener en cuenta todo lo que nos rodea y sin considerar nuestro entorno estamos comprando las fichas que nos harán con probabilidad fracasar en el intento de gestión de nuestro tiempo volviendo sin remedio a la rutina de salvar el día a día como se pueda.
No sólo he de identificar qué es lo más importante de nuestras responsabilidades laborales (e incluso personales), sino por supuesto asignarle la urgencia que hará más fácil la priorización de las mismas; además he de tener en cuenta, que a la hora de programar esas tareas ya priorizadas en mi día a día, he de tener en presente mi capacidad de concentración y mi bioritmo para poder ubicar las tareas importantes en los momentos en que mi mente se encuentre más despejada para poder dedicarle la atención necesaria y eso salvo excepción (todos tenemos días en los que estamos más obtusos) lo podemos prever conociendo mi flujo de actividad mental.
A la hora de elegir la herramienta más adecuada para ayudar a gestionar mi memoria (no todo lo aguanta una lista o una ristra de post-it) he de considerar aquella herramienta que me facilite la gestión, por mi personalidad y entorno laboral, eligiendo una agenda de papel, una PDA (o sistema similar), el Outlook, etc… en función de lo que me sea más cómodo, asequible y operativo (pensando siempre en cual será el sistema que me sea más fácil de mantener actualizado)
Para terminar de encajar todas estas piezas del puzzle, he de conocer también los flujos de trabajo de mi actividad diaria (para evitar los famosos cronófagos o ladrones del tiempo) así como ser consciente de que todo proceso de adquisición de una habilidad conlleva un esfuerzo y requiere una perseverancia para que se convierta en un hábito.
Como dijo Elbert Hubbard: “Cultiva solo aquellos hábitos que quisieras que dominaran tu vida”.