¿Cuánto te influye lo que piensen los demás?

Esta sencilla pregunta que en alguna ocasión nos la hemos podido decir unos a otros es la que nos sirve como punto de partida para la propuesta de nuestra invitada especiaCamera 360l @pilidorita. Siempre bien recibida en esta casa y que ha seguido nuestros pasos muy de cerca. Enfermera, con vocación de servicio, atenta, cariñosa y valiente. Hoy se acerca para colaborar en la relativa reciente sección #a4manos y esperemos que repita. Para los que no conozcais su blog es sencillo, muy humano y muy diverso, a través de “pilidoritas” nos ofrece no sólo recetas de actualidad en el ámbito de la enfermería, sino que además los Domingos disfrutamos con su especial : Libro, Película y Canción ¿te lo vas a perder?

Desde mi punto de vista creo que nos propone dos cosas muy sencillas, por un lado lo fácil que es criticar y dar “humildemente” nuestra opinión y por otro lado lo fácil que es también caer en las “garras” de los comentarios ajenos y terminar haciendo lo que nos proponen otros por encima de nuestro propio criterio.

La clave en el primero de los apartados es pedir permiso. Dar nuestra opinión no es malo, e incluso a veces sirve de ayuda. Lo verdaderamente importante es pedir permiso antes de soltar sin consulta previa cuál es nuesta opinión y sobre todo valorandola por encima de cualquier otra propuesta. Además, si pido permiso para dar mi opinión, he de estar preparado/a para que me digan que no quieren escucharla, o bien que aunque la hayan escuchada no me hagan caso. ¿Estamos preparados?

La segunda clave, es, cómo decían nuestras abuelas “hacer oídos sordos”, es decir, ser capaces de escuchar a los demás (a veces nos dan información que de otra manera no seríamos conscientes) y al mismo tiempo seguir escuchando nuestros principios que nos propone, nuestros valores,… aquello que es importante para nosotros/as. Si estamos convencidos… ¿porqué no perseverar en lo que creemos?

El cuento que nos propone Pilar se titula: EL ANCIANO, EL NIÑO Y EL BURRO.  Y dice así:

Había una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.  Llegaron a una aldea caminando junto al animal y, al pasar por ella, un grupo de jóvenes empezó a burlarse de ellos, gritando:

  –¡Mirad que par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos el viejo podría subirse al burro.

 Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y al cruzarlo, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado, y empezaron a decir:

  –¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y el pobre niño caminando.

 Al salir del pueblo, el anciano se bajó del burro y siguió el camino a pie, mientras que el niño lo hizo subido en el burro. Así llegaron a otra aldea. Cuando las gentes de la aldea les vieron, exclamaron escandalizados:

  –¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Habéis visto algo semejante? El muchacho joven y sano montado en el burro mientras que el pobre anciano va caminando a su lado. ¡Qué vergüenza!

  Como ya no sabían qué hacer, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel animal llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre sus lomos. Pasaron junto a un grupo de campesinos  que al verlos empezaron a vociferar:

  –¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tenéis corazón? ¡Vais a reventar al pobre animal!

 Apenados, el anciano y el niño se apearon del burro y optaron por cargarlo sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. Allí la gente se apiñó alrededor de ellos y entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:

  –Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas! Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!

 Asustado por tanto ruido, el pobre burro se revolvió y echó a correr despavorido, precipitándose en un barranco y muriendo. El niño y el anciano se miraron muy tristes por la pérdida de su fiel compañero de viaje…

De esta sencilla historia extraigo dos conclusiones: no hagas las cosas por complacer a los demás y no critiques a otros a las primeras de cambio.

Sé tú mismo y actúa como creas que tienes que hacerlo. Hacer cosas que no quieres o en las que no crees sólo por contentar a otros no te garantiza ni la felicidad ni su amistad. Es imposible estar de acuerdo con todo el mundo y, al final, hagas lo que hagas, más tarde o más temprano, siempre habrá alguien que te acabará criticando.

No es justo juzgar a alguien sin conocer sus circunstancias. Eso que hoy tanto criticas a otro puedes acabar haciéndolo tú mañana.

Muchas gracias Pilar!!! Vuelve cuando quieras!!

No dejes que apaguen tus sentimientos

¿Qué fácil sería tener este interruptor a mano, verdad?feelings

Ese botón mágico que nos permitiera dejar nuestros sentimientos apagados en aquellas tareas, digamos feas y desagradables” que a veces nos toca acometer en nuestros puestos de trabajo…

Y a la inversa también, que importante es saber aplicar nuestros sentimientos cuando la situación lo requiere, que no piensen que somos robots sin corazón, que también tenemos nuestro corazoncito aunque a veces nos convenga esconderlo, o al menos, darle por unos instantes al OFF.

Y por aquellas casualidades del destino, resulta que nuestra colaboración mensual con Rut Roncal (todos los primeros martes de mes) coincida con el 7 de #7verde en su séptima edición de nuestro querido Manuel Escobar:

Una forma diferente de hacer las cosas, de pensar que otro mundo es posible… en definitiva, una visión proactiva de la vida, un deseo de que haya un mundo mejor a partir de aquello de lo que uno es principalmente responsable: SUS ACTOS.

En definitiva, una iniciativa que pone encima de la mesa los sentimientos, y actuar en consecuencia, de cara a obtener un entorno  en el que consigamos que cada uno reflexione y vea la importancia de sus actos para con los demás. En todos los ámbitos, en el área profesional, en el personal, en el que quieras imaginar… al final, hagas lo que hagas, lo que haces influye en otras personas. Si mejoras tu actitud, si actúas con el corazón, si buscas que tus actos supongan una mejora para el otro (no es tan difícil, puedes empezar a sonreír más a los demás), al final… entre todos… habremos conseguido mejorar un poco el mundo.

La verdad Iñaki, es que tienes razón, la clave está en sentir. Las emociones, si no dejamos que fluyan, al final salen por los caminos más insospechados y es tan bonito sentir… tanto lo bueno como lo no tan bueno… ya explicaba el otro día en el blog lo importante que es gestionar las emociones para que no sean ellas las que nos gestionen en los momentos menos oportunos o con las reacciones más inadecuadas y por tanto desencadenando consecuencias en nuestro entorno que difícilmente podemos olvidar. Para este tipo de casos me encanta recordar el cuento de “la bolsa de clavos” pues es fantástico para identificar que las consecuencias de mis actos también son objeto de mi responsabilidad, y que por mucho que pida perdón.. al final el daño ya está hecho.

Para este post, me encantaría compartir otro cuento. Es el cuento de los sentimientos. Una fábula preciosa que también recopiló en su día Bucay en uno de sus libros y que dice así:

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de La Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.

Cuando el ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, la LOCURA, como siempre tan loca, les propuso:

– ¿Jugamos al escondite?

La INTRIGA levantó la ceja intrigada y la CURIOSIDAD, sin poder contenerse, preguntó: “¿Al escondite? y cómo es eso?”

– Es un juego -explicó la LOCURA- en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.

El ENTUSIASMO bailó secundado por la EUFORIA. La ALEGRIA dió tantos saltos que termino por convencer a la DUDA, e incluso a la APATIA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La VERDAD prefirió no esconderse: ¿para qué?, si al final siempre la hallaban. Y la SOBERBIA opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya), y la COBARDIA prefirió no arriesgarse…

– Uno, dos, tres… – comenzó a contar la LOCURA.

La primera en esconderse fue la PEREZA que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La FE subió al cielo, y la ENVIDIA se escondió tras la sombra del TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol mas alto. La GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la BELLEZA; que si el bajo de un árbol, perfecto para la INTIMIDAD; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la VOLUPTUOSIDAD; que si una ráfaga de viento, magnifico para la LIBERTAD. Así que termino por ocultarse en un rayito de sol. El EGOISMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo… pero sólo para él.

La MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (¡mentira!, en realidad se escondió detrás del arcoiris), y la PASION y el DESEO en el centro de los volcanes. ¿El OLVIDO… ? se me ha olvidado dónde se escondió!… pero eso no es lo importante.

Cuando la LOCURA contaba 999.999, el AMOR todavía no había encontrado un sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.

-¡Un millón!- contó la LOCURA y comenzó a buscar.

La primera en aparecer fue la PEREZA, sólo a tres pasos de la piedra. Después se escuchó a la FE cantando con Dios en el cielo. Y a la PASION y al DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes.

En un descuido encontró a la ENVIDIA y, claro, pudo deducir donde estaba el TRIUNFO. Al EGOISMO no tuvo ni que buscarlo; el solito salió disparado de su escondite, que había resultado un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a la BELLEZA. Y con la DUDA resulto más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos: el TALENTO entre la hierba fresca, la ANGUSTIA en una oscura cueva, la MENTIRA detrás del arcoiris y hasta el OLVIDO, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite.

Pero sólo el AMOR no aparecía por ningún sitio.

La LOCURA buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas y, cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y las rosas… Y tomó una horquilla y comenzó a mover los ramos, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido en los ojos al AMOR. La LOCURA no sabía qué hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la tierra,

EL AMOR ES CIEGO

Y LA LOCURA LO ACOMPAÑA SIEMPRE.

Para acabar como siempre una canción… sólo que en esta ocasión … van dos!!!

Iñaki propone esta canción: no escondas tu corazón, de Jarabe de Palo. http://youtu.be/f8n6Z4izugQ


Y yo me decanto más por Coldplay y su… Vive la VIDA https://www.youtube.com/watch?v=dvgZkm1xWPE

Autores:

Iñaki González (@goroji)                                                                 Rut Roncal (@rutroncal)

Técnico Gestión RRHH de FHC                                                               Gerente en Cegos

Autor del blog: SobreviviRRHHé!                     Autora del blog: La verdad absoluta no existe

¿Sentirme triste/ con rabia tiene sentido?

Cuando nos ponemos a identificar emociones, la sorpresa es que muchas de ellas aparentemente son negativas. Y digo aparentemente, porque todas las emociones en su origen tienen una misión adaptativa. Para empezar, nos dan una información sobre nosotr@s mism@s que es importante tener en cuenta, nos están dando datos, referentes, llamando la atención sobre algo / alguien que nos ha o nos está afectando de alguna manera.emociones

Lo inteligente a nivel emocional, es gestionar la emoción, calibrar su significado y entonces actuar en consecuencia. Más que nada porque si no lo hacemos así probablemente no gestionaremos de forma adecuada esa emoción, se quedará “encapsulada” y saldrá en el momento menos oportuno en la situación o con la persona menos adecuada.

En principio con las emociones pasa como con los colores, y es que hay unas emociones básicas y unas emociones complejas que están compuestas por la combinación de una o más emociones básicas. Hay autores que hablan de 5 a 8 emociones básicas. Quizás las fundamentales sean: alegría, amor, ira, miedo y tristeza y todas ellas tienen una misión adaptativa que quizás nos debería hacer reflexionar acerca de la funcionalidad de las emociones (sobre todo de aquellas que pensamos que tienen un origen negativo).

Por ejemplo, ¿quién iba a pensar que la misión de la tristeza es que nos ayuda a asimilar las pérdidas que sufrimos para poder establecer y apreciar nuevos vínculos? y por ejemplo una emoción compleja como la culpa nos indica si hemos cometido un error y nos permite hacer enmiendas… o la rabia… que nos da una carga extra de energía para sentirnos fuertes y poner límites….

¿Qué hace que una emoción sea buena o mala? la gestión y adecuación de la misma, ni más ni menos. Si no aprendemos a identificar y a gestionar nuestras emociones, probablemente las “cruzaremos” y entonces sentiremos rabia cuando debíamos de estar tristes y nuestra expresión de la emoción estará equivocada, por lo que pagaremos nuestra tristeza con quien menos debe y de la forma que no toca, pudiendo no resolver esa situación de la forma más adaptativa.

Para invitaros a reflexionar detenidamente sobre esto, me gustaría compartir un cuento del libro de Cuentos para pensar de Jorge Bucay. Se titula la tristeza y la furia y dice así:

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta…
En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas…
Había una vez…

Un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente…

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas, las dos, entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua…Pero la furia es ciega, o por lo menos, no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró…Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…Y así vestida de tristeza, la furia se fue.Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.En la orilla encontró que su ropa ya no estaba.Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos, es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Para acabar… una canción de One Republic para que podamos sentir de nuevo (“Feel Again”)

¿Lo notais??? ¿que sentimos?

Menos mal que no se oye lo que pienso

Nueva imagen, nuevo reto… más difícil esta vez si cabe. Además, a partir de ahora, esta colaboración se convertirá en mensual, todos los primeros martes de cada mes, Rut Roncal y un servidor publicaremos conjuntamente.

Siempre nos aconsejan que pensemos las cosas antes de hablar o de actuar.Menos mal Importante filtrar nuestros pensamientos, pero no porque sea mejor ser hipócritas o mentirosos, sino porque aunque tengamos claro lo que queremos decir, debemos ponernos en lugar del otro a la hora de iniciar la comunicación del mensaje.

Llámalo empatía, llámalo tacto, llámalo educación… no podemos espetarle a nuestro interlocutor lo primero que se nos viene a la cabeza porque podemos herir sus sentimientos. Debemos aprender a defender nuestras ideas sin convertirlo en una imposición de las mismas… por eso decimos que a veces (la mayor parte de las veces) menos mal que no se oye lo que pienso.

A colación de lo que nos reflexiona Iñaki, tenemos además una segunda interpretación de la imagen, y es que aunque “menos mal que no se oye lo que pienso…” en ocasiones me comporto como si sí que pudiéramos leernos el pensamiento… y es que seguro que en más de una ocasión pensamos que una simple sonrisa y/o falta de ella, una mirada, un gesto, un ademán de desdén o un silencio consciente desvelan lo que pensamos y encima estemos convencidos de que “estaba claro, ¿no?, seguro que él/ella sabe exactamente porqué me he comportado así….”. Perdonarme, pero no. No tenemos poderes mentales (y si alguno/a los tiene por favor que lo diga… o no, mejor no) y no nos leemos la mente, por tanto no nos comportemos como si lo hiciéramos.

Seguro que más de uno/a ha tenido algún amigo/a que ha dejado de serlo por un malentendido, por una conversación no mantenida y por una interpretación subjetiva. Llegado el momento es posible que lleguemos a relativizar y restarle importancia… pero ha pasado tanto tiempo que ya pensamos que no vale la pena.

Pensamos esto de la gente que conocemos en nuestro día a día, pero sobre todo incrementamos “nuestros poderes” cuando encima hay una relación de mayor confianza de por medio. Pensamos que el hecho de conocer a alguien, ser su amigo/a, pareja, familia… da derecho automático a la línea de pensamiento y efectivamente ha de “leer” lo que nos pasa por nuestra mente.

Efectivamente, esto es bidireccional. No sólo hacemos como si nos leyeran la mente, sino que además en ocasiones “leemos” la de los demás!!!, es decir, ponemos palabras en la boca de las personas e interpretamos sin dilación gestos, muecas, comportamientos…

Quizás alimenta menos nuestra imaginación, quizás “da menos vidilla”, … pero… ¿no sería mejor preguntar directamente? ¿no sería mejor no presuponer y hablar las cosas?

A continuación, un relato de una autora Canaria, Yiyo Espino, no es conocida y reconozco que he llegado a su blog de casualidad…. Pero reconozco que la historia me ha gustado y creo que nos puede hacer reflexionar ¿Qué os parece? El título es: Malentendido

La noche que se conocieron descubrieron que no sólo sentían simpatía el uno por el otro. Intercambiaron pocas opiniones, algunas sonrisas y muchas miradas. No podían llegar a más. Ella tenía pareja.

Él habría querido conocerla mejor, saber por qué sonreía y a dónde miraba. Le habría gustado vivir unos minutos a su lado para respirar su perfume y poder encontrar alguna explicación a esa atracción que se le antojaba irresistible.

Ella entendía que no era correcto, pero no podía sentir ciertos celos de las mujeres que se le acercaban. Él no era especialmente guapo, pero sí mostraba una delicadeza especial hacia el mundo, y habría dado cualquier cosa por haber participado en el corro de conversaciones y cervezas que parecía girar en torno a él.

No habían pasado demasiados meses cuando la vida los cruzó por segunda vez. En esta ocasión era él quien se presentaba con pareja. Ella lo había dejado con la suya hacía tan sólo unas semanas, y desde la última vez, la imagen de él se le presentaba en la cabeza cada vez que hablaba u oía hablar de hombres y de amores.

Él se sorprendió de que ella estuviera sola, y aunque no lamentó su actual situación sentimental lo entendió como una mala jugada de la fortuna.

Siete semanas más tarde Clint Eastwood, Hilary Swank y Morgan Freeman los unieron de nuevo en el cine, esta vez cada uno con su pareja. Él fue el primero en verla, y no pudo evitar pensar: “no puede ser”. Ella, también tuvo un pensamiento: “Se ve que le va bien con esa”. Ninguno pudo evitar observar que iban cogidos de la mano y que entraban en la sala con la intención de compartir un paquete de roscas.

Casi se habían olvidado cuando, año y medio después del estreno de “Million dollar baby”, él acudió al bar en el que se habían conocido unos años atrás. Aunque nunca solía comer ajo fuera de casa para evitar problemas de aliento, esa vez, sin pareja con la que compartir la cena y sin intenciones de alargar la noche, apostó por un gazpacho y unas gambas al ajillo.

Cuando ella entró él estaba de espalda y no se vieron. Acababa de salir del trabajo e iba para casa, pero ante el panorama de tener que cocinar, decidió entrar en el bar y cenar algo. Tampoco ella descuidaba el aliento, pero ante la perspectiva de televisión-sofá-cama, se decidió por unos filetes de pescado a la plancha en mojo verde acompañados de “ensalada con mucha cebolla y nada de papas”, dijo al camarero.

No se vieron hasta que la segunda cerveza obligó a él a ir al baño.

            -“¡Hola!¿Cómo estás?”- Dijo sorprendido.

            -“¡Hola!”- Contestó igual de sorprendida.

No tuvieron que inventar excusas para encontrar una conversación que les permitiera compartir mesa, no sin antes intercambiar cierta información que cada uno dejó caer sobre su estado de “libertad” emocional.

Cada frase conseguía quitar tierra de por medio y recuperar la atracción y simpatía que se despertaron la primera vez.

Realmente estaban cómodos juntos, se sentían cercanos a pesar de la distancia que les había separado y ninguno se mostró dispuesto a perder la oportunidad de acercarse un poco más aquella noche.

No fue ilógico, pues, que allí mismo pasaran a las copas y que después pasaran también a la barra de un pub cercano a pedir gin-tonics y cubalibres.

Sólo había pasado una hora y media cuando ella notó que el mojo y la tónica no eran buenos aliados para darse a conocer, casi al mismo tiempo que los vapores del gazpacho y los ajos de las gambas empezaron a buscar salidas en el cuerpo de él.

Por evitar males mayores, ella comenzó a hablar cada vez menos y él, que había tendido autopistas hacia ella, retrocedió un paso para no incomodarla.

Al notar la distancia que el hombre interponía, ella interpretó cierta incomodidad por el aliento que suponía que debía tener, mientras que él quiso entender que el silencio que se imponía ella se debía a cierto nivel de aburrimiento.

Sin proponérselo, ambos consiguieron crear un clima de cierta hostilidad consigo mismo, pero que por parte del otro se interpretó como incomodidad hacia la presencia de cada uno. Así que cuando él advirtió sobre la hora, ella interpretó que ya no aguantaba más sus efluvios, y la rápida respuesta de ella de marcharse a casa él la interpretó como un gesto de desinterés por seguir con él.

Ni siquiera a la hora de despedirse supieron cómo actuar, él convencido de que ella se había sentido agobiada por su presencia y ella incapaz de darle un beso de despedida ante el temor de desagradarle con su aliento. Por tanto se limitaron a darse la mano manteniendo ciertas distancias, sin atreverse siquiera a poner fecha para una cita próxima.

Como siempre, acabaremos con una canción, ¿recordais esta canción?

If you could read my mind by Gordon Lightfoot

Autores:
Iñaki González (@goroji)                                                 Rut Roncal (@rutroncal)
Técnico Gestión RRHH de FHC                                      Consultora senior en Cegos
Autor del blog: SobreviviRRHHé!         Autora del blog: La verdad absoluta no existe

Hoy va a ser un buen día, porque lo digo YO

¿Cuántas veces nos hemos levantado con una sonrisa radiante, hemos desayunado con la tele o la radio de fondo escuchando las noticias o nuestro programa de radio favorito y hemos salido a la calle pensando que hoy nos íbamos a comer el mundo?postit

¿Cuantas veces hemos vuelto a casa después de una dura jornada de trabajo pensando que la vida no tiene sentido, que nada merece la pena, que todo esto no nos lleva a ningún sitio?

Pues el lamentarse se va a acabar. Todo depende de ti, de tu actitud mental.

Para empezar quédate con este post-it. Ponlo en tus rincones favoritos de la casa, en el Frigo, en el espejo del baño, en el espejo de la habitación, en el espejo de la entrada (yo es que tengo muchos espejos en casa, no sé tú, jajaja…).

Póntelo de fondo de pantalla, en el ordenador de casa, en el ordenador del trabajo, en el portátil, en la tablet, en el móvil… será por pantallas.

Ponlo dónde quieras y cuantas más veces lo leas a lo largo del día, mejor. Pero sobre todo es fundamental que te lo grabes bien en tu cabecita. Repítelo cada vez que alguien venga a sacarte de tus casillas, repítelo en cada situación que te busque las cosquillas, repítelo hasta que te quede claro que NADIE, NADIE, NADIE te va a fastidiar el día.

La cuestión es que nosotros tenemos el poder de decidir, tanto de si nos fastidian el día como si nos quedamos lo positivo que nos pase (porque todos los días tenemos cosas positivas que contar, sólo que algunas pasan más desapercibidas en contraste a los malos momentos).

El resultado es fruto de nuestra percepción, tener en cuenta que el ojo humano percibe miles de datos por segundo, pero de los cuales sólo procesamos de 3 a 7 de ellos. ¿Cuál es el filtro que se aplica?, pues el de nuestra mente, que viene condicionado por nuestros miedos, deseos, intereses, inquietudes, etc… por lo que a lo largo de un día “normal”, el evento “negativo” que nos pasa a una determinada hora seguramente esté condicionando nuestro filtro para que a partir de ese momento sintamos que nos “ha fastidiado el día” y de hecho lo sentimos como tal.

¿¿El truco?? Que igual que nuestro filtro en principio está aplicado por nuestro inconsciente, podemos utilizar nuestro consciente para forzar a nuestro cerebro a ser conscientes de todo lo positivo que hemos vivido en ese día, desde que nos hemos levantado a la hora, he cogido el autobús por los pelos, al comprar el café me han sonreido o me “he echado” unas risas con los compañeros/as. La cuestión es que nosotros elegimos y decidimos. A fin de cuentas ya nos decía nuestra abuela: “No ofende quien quiere, sino quien puede”, es decir, a quien le dejamos que tenga el poder de ofendernos.

Para terminar, dos cosas: un cuento y una canción. El cuento es popular de la India y creo que puede resumir todo lo dicho. Dice así: SÉ COMO UN MUERTO

  Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

–Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.

El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

–¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.

–Nada dijeron.

–En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.

El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

–¿Qué te han respondido los muertos?

–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.

Y el maestro concluyó:

–Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.

*El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.

Y la canción creemos que nos puede terminar de animar el día y además de hacernos bailar un poco acabar con el sentimiento de que al fin y al cabo lo que no te mata te hace más fuerte ¿o no?

https://www.youtube.com/watch?v=vq2xA7Chohk

Y si no… siempre podemos ponernos un post-it para recordárnoslo 🙂

Autores:

Iñaki González (@goroji)                                                      Rut Roncal (@rutroncal)

Técnico Gestión RRHH de FHC                                           Consultora senior en Cegos

Autor del blog: SobreviviRRHHé!             Autora del blog: La verdad absoluta no existe

 

Cómo sacar el mosquito africano que todos llevamos dentro

Creo que no hace falta ser africano para darse cuenta de la verdad que encierra este proverbio.
Aunque igual los mosquitos de por allí son más “cansinos” de los de aquí, y por eso, la comparación.
Cuántas veces nos hemos sentido “algo pequeñito”, cuántas veces nosotros mismos nos hemos hecho de menos, nos hemos minimizado a la hora de surgir un problema.
Cuántas veces no nos hemos atrevido a levantar la mano (en clase cuando éramos mozos; o en el trabajo ahora que somos más talluditos) por miedo al qué dirán o al qué pensarán de mí mis compañeros y/o superiores.
Pues bien, ya va siendo  hora de que nos pongamos en plan mosquito africano y empecemos a hacernos notar en la “habitación”. Todos tenemos algo que decir, todos tenemos algo que aportar, todos tenemos derecho a poder expresar nuestras ideas.
Y por este motivo nos gustaría compartir un cuento (que parece ser una historia real, pero no lo sabemos con certeza) en el cual podemos sacar varias lecturas.

La historia se titula: Yo puedo hacer la diferencia, y dice así:

Su nombre era Mrs. Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira. Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado Teddy Stoddard.
Mrs. Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que el no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño. Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable.
En la escuela donde Mrs. Thompson enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Teddy para el final. Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa.
La Profesora de primer grado escribió: “Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales … es un placer tenerlo cerca”.
Su profesora de segundo grado escribió: “Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.
La profesora de tercer grado escribió: “Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.
Su profesora de cuarto grado escribió: “Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase”.
Ahora Mrs. Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos le llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que el había tomado de una bolsa de papel.
Algunos niños comenzaron a reir cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se colocaba un poco del perfume en su muñeca. Teddy Stoddard se quedo ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Mrs. Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.
Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy. Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, el respondía más rápido. Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase.
Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Catorce años después recibió otra nota. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Dr. Theodore F. Stoddard.
La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a Mrs. Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto Mrs. Thompson aceptó. Ella llegó usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, “Gracias Mrs. Thompson por creer en mi. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.
Mrs. Thompson tomó aire y dijo, “Teddy, te equivocas, tu fuiste el que me enseñó a mi que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí”.
La cuestión es quitarnos los límites, ser capaces de ver y escuchar a nuestro entorno y ser capaces de encontrar dónde podemos marcar la diferencia, porque está claro que todos a nuestro nivel podemos marcarla, la cuestión está en convencernos de que podemos hacerlo, quizás tan sólo con una sonrisa.
¿Y si decidimos ser mosquitos convencidos de que podemos conseguir cosas? ¿Y si decidimos ser héroes?
Autores:
Iñaki González (@goroji)                                                 Rut Roncal (@rutroncal)
Técnico Gestión RRHH de FHC                                      Consultora senior en Cegos
Autor del blog: SobreviviRRHHé!            Autora del blog: La verdad absoluta no existe

La felicidad existe y se puede (y debe) compartir

Según Benjamin Franklin, “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”; y estoy plenamente de acuerdo con él. La felicidad es la suma de los momentos felices que además somos capaces de identificar y sacarles el máximo partido.
 
La pena es que esto en lugar de hacerlo con las cosas/ momentos positivos lo solemos hacer más a menudo con los momentos más negativos del día, con lo que finalmente acabamos nuestra jornada con un sentimiento negativo o de infelicidad que hace que no esperemos nada positivo del día siguiente.
 
La felicidad está a nuestro alrededor, en cada momento, dentro de nosotros… y de nosotros depende no sólo encontrarla para sentirnos mejor, sino además ser capaces de compartirla y que sea algo contagioso. Hace un año, salía un estudio donde decía que los españoles éramos felices… demostrémoslo.
 
Un paso importante es la sonrisa… para ello os invito a “entrenar” a sonreir; a veces no es fácil… lo cual no significa que no podamos hacerlo.
Importante: La postura, ésta nos da confianza, facilita la respiración y el ritmo cardíaco, así que poneros frente a un espejo, postura recta, miraros a los ojos y hacer 3 respiraciones profundas (es posible que empecemos con cierta “risilla nerviosa” sintiéndonos algo ridículos … esa risilla es un gran comienzo :))
 
Siguiente paso: sonrié, haz muecas, juega con tu rostro (los músculos del rostro es bueno que los ejercitemos de vez en cuando…) y mira cuántas sonrisas distintas eres capaz de hacer …. de menor a mayor amplitud. Quédate con la que más te guste … o las que más… pueden ser varias.
 
El siguiente nivel sería acompañar a esas sonrisas de un lenguaje positivo (normalmente tendemos a hacer lo contrario y a “autocastigarnos” con mensajes negativos que nos estancan o nos hacen ir hacia atrás), algunos ejemplos: Puedo hacerlo, SÍ, Genial!, Fantástico, Voy a …., Me gusta!, etc… lo que primero se nos venga a la cabeza. Sin filtros. Sólo mensajes positivos. Si nos viene algún mensaje negativo nos miraremos a los ojos frente al espejo, diremos un alto “NO” y transformaremos ese mensaje el lo contrario, dándole el sentido positivo.
 
Cargados de energía… ¿Qué os parece si salimos a la calle a compartirla?
 
Asimismo, me gustaría compartir (como ya es costumbre en este blog) dos cosas: lo primero un cuento, es de Pedro Pablo Sacristán y se titula “El caballero y el mundo”… Creo que podemos sacar un par de ideas fuerza…, ya me diréis. Dice así:
 
“Había una vez un heroico caballero, de los que triunfan en cuentos de todas las lenguas y lugares. Su valentía era tan grande, y su espada tan temida, que cansado de buscar dragones, ogros y monstruos de cuento en cuento, decidió abandonar los cuentos y venir a probar su valentía y su destreza al mundo real. Pero cuando llegó aquí, no encontró temibles criaturas, ni malvados brujos, ni siquiera una pobre madrastra a la que atemorizar con su espada. Y era muy raro, porque lo único que vio fue gente preocupadísima, con la misma cara de susto de todos aquellos que alguna vez había salvado de un dragón o un ogro. Sin embargo, no parecía haber nadie que les atemorizara o les obligara a vivir con aquella angustia: todos iban de un lado a otro, con prisa y sin hablar con nadie, como si algo terrible fuera a ocurrir. Pero al acabar el día, nada malo había ocurrido. Y así un día, y otro, y otro.
El caballero pensó que aquella podría ser su aventura más heroica, y resolvió dedicarse por completo a encontrar el misterio de la angustia del mundo real. Buscó, preguntó, indagó, navegó y trepó, pero no encontró nada. Dispuesto a no rendirse, regresó a su mundo de cuentos para hablar con el gran sabio.
– Dime, gran sabio ¿cuál es el gran enemigo invisible que atemoriza a las gentes del mundo real? Aún no he podido encontrarlo, pero no descansaré hasta vencerle y liberarlos a todos, como hice con tantas ciudades.
El gran sabio calló durante largo rato, y finalmente dijo:
– No tienes fuerza ni coraje suficientes para vencer esta batalla. El enemigo no existe, pero es poderoso, y tan numeroso como las estrellas del cielo
– ¡cómo! – protestó el caballero – ¿es eso posible?
– En el mundo real, como no había dragones ni ogros, se inventaron los enemigos, y ahora los llevan dentro. Cada uno tiene un enemigo hecho a su medida, y está dentro de su corazón. Para unos se llama codicia, para otros envidia, para otros egoísmo, pesimismo o desesperanza. Han sembrado su interior de malos sentimientos, llevándolos consigo a todas partes, y no es nada fácil arrancarlos de allí.
– Yo lo haré -repuso el caballero- yo los libraré.
Y el caballero regresó al mundo, llevando consigo todas sus armas. Y uno tras otro, se fue ofreciendo a cuantos encontraba para liberarles de su mal interior. Pero nadie le hizo caso, sólo encontró indiferencia y caras de extrañeza. Finalmente, agotado y confundido, arrojó sus armas al suelo y se dirigió hacia una piedra del camino para descansar. Pero al hacerlo, tropezó con la espada y fue a parar al suelo, dándose de cabeza contra un pollo que cacareaba por allí. Al verlo, un hombrecillo triste que pasaba por aquel lugar, comenzó a reir a carcajadas, tanto que casi no podía mantenerse en pie. El caballero se enojó, pero al mirar al hombrecillo, observó en sus ojos el brillo alegre que no había encontrado en el mundo real…
Y así fue como el caballero encontró por fin la solución al mal de los habitantes del mundo; sólo necesitaban una sonrisa, una pequeña ayuda para desterrar sus malos sentimientos y disfrutar de la vida…. Y desde aquel día, el caballero, armado con una gran sonrisa, se dedicó a formar un ejército de libertadores, un numeroso grupo de gente capaz de recordar a cualquiera la alegría de vivir. Y vaya si ganó la batalla, tan brillantemete como siempre había hecho.”
Y la segunda… un vídeo, es un anuncio de Cocacola,
Me parece brillante… a mí personalmente me ha emocionado y creo que hay ejemplos a nuestro alrededor que pueden servir de inspiración también. Por ejemplo, el otro día en Facebook, mi amiga Mónica puso el siguiente mensaje en su muro, al que efectivamente, me sumé: 

Copio a Carlos y me sumo a su iniciativa. Y tú, ¿quieres una sorpresa mía?
“Cadena de Favores… ahí va:
Las primeras cinco personas SÓLO a las primeras cinco personas que comenten sobre este status recibirán, de mi parte y sin advertencia previa (en algún momento de éste año), una sorpresa.Tal vez se trate de un libro, os invito un cafe, o alguna otra sorpresa divertida.
Las condiciones son que esas cinco personas ofrezcan lo mismo en su status de FB. Hagamos de este 2013 el año en que hacemos algo bueno por los demás, por el simple hecho de hacer a alguien sonreír o sentirse especial, ya que tal como están las cosas, todos lo necesitamos.
Animaos!! :)”
A veces veo mensajes de estado en Facebook de iniciativas diferentes que creo que no llevan a la acción, que es posible que hagan reflexionar durante 2 segundos (puede que algún minuto más) pero se quedan ahí… ¿porqué no pasar al siguiente nivel? La reflexión sin acción, para mí es igual al estancamiento.
¿Y ahora? ¿Qué decís?
 

101/365 Autofoto

Autofoto by rutroncal
Autofoto, a photo by rutroncal on Flickr.

Cuando salgo de casa o salgo de un sitio, normalmente hago mi checklist mental, es decir, me gusta repasar lo que tengo pendiente, lo que he hecho y apuntarlo en la agenda o en mi cuaderno.
Lo mismo cuando ya acaba el día o cuando encuentro un ratito de desconexión (sobre todo en el trayecto de vuelta a casa), me gusta pensar sobre lo vivido en el día, lo que he hecho y lo que me hubiera gustado hacer mejor, con quien he estado, cómo me he sentido y cómo he hecho sentir…
Yo soy optimista, trato de pensar en positivo y hacer que las cosas/ situaciones se vean un poco mejor o desde una perspectiva diferente. A veces lo consigo mejor y otras no tanto, como todo el mundo me equivoco y a veces me despisto y/ o sale el “gremlim” que todos llevamos dentro… pero sí me propongo no dejarme vencer por el negativismo y sacar un aprendizaje cada día, provocar una sonrisa, transmitir una ilusión, etc.
Hoy pienso que tengo en mi lista de pendientes algunas personas que les debo una llamada, un email, un sms… y de esta semana no pasa por que todos los días ocupan un ratito de mi tiempo para no olvidarme de ellas.
La cuestión, es que desde mi humilde hueco en este mundo, trato de provocar una diferencia. Todos podemos hacerlo en la medida de nuestras posibilidades y me gusta leerme el siguiente cuento cuando me invade la pesadumbre.
El cuento es “La estrella de mar”, y dice así:
Erase una vez un escrito que solia ir a la playa para inspirarse y escribir cuentos. Tenia el habito de primero caminar descalso en la orilla del mar para despejar su mente y elevar su musa.
Un dia, en una de esas caminatas se percata a lo lejos de una figura danzante. Aprieta el paso para alcanzar a ver mas de cerca quien es. Mientras se acercaba, pudo ver que era un joven que no estaba bailando, sino recojiendo algo del suelo y lanzandolo al mar.
Pronto llega hasta el joven y lo saluda – buenos dias – dice con una amplia sonriza.
– ¿Podría saber que haces? – pregunta en un tono de curiosidad.
– Lanzando las estrellas de vuelta al oceano – dice amablemente el joven.
– Perdona mi curiosidad, ¿Por qué?
– Dentro de un rato el sol se pondrá arriba y bajará la marea, dejando estas a merced de sus ardientes rayos y moriran si no pueden llegar al agua.
El escritor miro a lo largo de la orilla y se percata que habian cientos de estas y dice
– Sabes que son demasiadas, eso sin contar que lo mismo ocurre en todas las playas vecinas y que posiblemete no haras ninguna diferencia salvando solo unas cuantas.
El joven con el sol dandole en la cara mira al escritor a los ojos y despues de una pausa, se agacha y recoje una estrella, la lanza al mar y dice – hice la diferencia para esa.
Traducido del inglés. Ver entrada original
Todos tenemos una persona / estrella de mar para la que podemos hacer la diferencia. No lo olvidemos.

¿Ambición? ¿Porqué? ¿Para qué?

¿Qué es la ambición? ¿Qué ambicionamos? ¿Todos tenemos las mismas ambiciones? ¿Nos mueven las mismas cosas? ¿Es la ambición lo mismo que la motivación?

Revisando las definiciones de ambos conceptos podemos interpretar que la ambición es el deseo, lo que nos llama y fija nuestra atención y la motivación lo que hace que nos movamos a conseguirlo, a perseverar por lograr nuestras ambiciones.

No sólo es importante que tengamos identificadas nuestras ambiciones o nuestros objetivos, sino que también sepamos calibrar el esfuerzo y la motivación que estamos dispuestos a invertir.

Para explicar todo esto, me gustaría compartir con vosotros un relato sobre un pescador mexicano y un banquero americano… no he logrado localizar el autor. Dice así:

Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante y varios atunes muy grandes.
El norteamericano felicitó al mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo. El mexicano replicó: Oh! Sólo un ratito. Entonces el norteamericano le preguntó por qué no se había quedado más tiempo para coger más peces. El mexicano dijo que ya tenía suficiente para las necesidades de su familia.
El norteamericano volvió a preguntar: ¿Y qué hace usted entonces con el resto de su tiempo?
El mexicano contestó: – Duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde al pueblo a tomar unas copas y a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y ocupada, señor.
El norteamericano dijo con tono burlón: – Soy un graduado de Harvard y le podría echar una mano. Debería dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más grande. Con los beneficios que le reportaría una barca más grande, podría comprar varias barcas. Con el tiempo, podría hacerse con una flotilla de barcas de pesca. En vez de vender su captura a un intermediado, se la podría vender al mayorista; incluso podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría que irse de esta aldea y mudarse a Ciudad de México, luego a Los Ángeles y finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
– Pero señor, ¿cuánto tiempo tardaría todo eso? – De quince a veinte años. – Y luego ¿qué?
El norteamericano soltó una carcajada y dijo que eso era la mejor parte: – Cuando llegue el momento oportuno, puede vender la empresa en bolsa y hacerse muy rico. Ganaría millones.
– ¿Millones, señor? Y luego ¿qué? – Luego se podría retirar. Irse a un pequeño pueblo costero donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos, hacer la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos.
– Bueno, pero eso es lo que hago ahora señor ¿Por qué tengo que esperar veinte años?

Lo importante es identificar qué es lo que nos mueve, pero a nosotros, no a los demás. Qué queremos hacer con nuestra vida y qué estamos dispuestos a sacrificar.
Me gustaría compartir con vosotros/as un trocito de una serie que he comenzado a ver. Se llama “Perception” y el protagonista es un tanto peculiar ya que es esquizofrénico y además neurocientífico y además profesor de facultad… en este trocito explica el origen de la ambición en nuestro cerebro:


Para finalizar un video… de un tan Joe McElderry que me ha gustado no sólo porque su canción se titula “Ambitions” sino porque además su video incluye una flashmob

18/365 Dilema del tiempo

Hoy he estado trabajando sobre la gestión del tiempo con un grupo de directivos y al final, da igual el tipo de trabajo que se realice, da igual que seas un ejecutivo, un operario, un administrativo o un consultor… el estrés existe, la falta de asertividad, todos tenemos ladrones del tiempo y vemos en el fondo ventajas para seguir gestionándonos mal nuestro tiempo.
S. Covey fue un pionero en integrar la gestión del tiempo con el resto de habilidades, no sólo en el saber decir que no, delegar, etc sino para realmente gestionar tu tiempo has de integrarlo dentro del conjunto de los 7 hábitos que identificó que compartían las personas altamente efectivas (Efectividad = Eficacia y eficiencia sostenibles a través del tiempo). 
Esta semana ha fallecido S. Covey a sus 79 años, no llegó a cumplir los 80 años que nos planteaba en sus cursos, libros y conferencias para ayudarnos a visualizar nuestra misión en la vida… espero que esté donde esté, se encuentre satisfecho de su legado.
Hablando de gestión del tiempo y de Covey, me gustaría compartir una anécdota que él solía contar en sus conferencias y que seguro que la habéis escuchado / leído en alguna ocasión. Dice así:
“Un experto estaba dando una conferencia a un grupo de profesionales. Para dejar en claro un punto, utilizó un ejemplo que los profesionales jamás olvidaron. Parado frente al auditorio de gente muy exitosa dijo: Quisiera hacerles un pequeño examen… De abajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él.

Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro. Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras preguntó al auditorio: ¿Está lleno este jarro?.

Todos los asistentes dijeron SI. Entonces dijo: ¿Están seguros?, y sacó de abajo de la mesa un balde de piedras pequeñas. Echó un poco de piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden en el espacio vacío entre las grandes. Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más… ¿Está lleno este jarro?. Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta “probablemente no”. Muy bien, contestó el expositor. Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas.

Una vez más preguntó al grupo: ¿Está lleno el jarro?. Esta vez varias personas respondieron a coro: NO!. Una vez más el expositor dijo: Muy Bien!, luego sacó una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta llenarlo. Cuando terminó, miro al auditorio y preguntó: ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?.

Uno de los espectadores levantó la mano y dijo: la enseñanza es que no importa qué tan lleno esté tu horario, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas…. No, replicó el expositor, esa no es la enseñanza.

La verdad que esta demostración nos enseña que: Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?

Recuerda poner esas piedras grandes primero o no encontraros un lugar para ellas. Tómate el tiempo para clarificar cuales son tus prioridades y revisa como usas tu tiempo para que no se te quede ninguna afuera, o lo que es peor, que tengas que sacar una piedra grande para poder meter arena”.
Y vosotr@s ¿tenéis identificadas vuestras grandes rocas? ¿les dedicáis todo el tiempo que necesitáis?