Los consejos son gratis… ¿o no?

Aconsejar, dar nuestra opinión, esperar que otr@s nos hagan caso… son conductas muy del día a día.consejo

Es una costumbre más que diaria el hecho de dar consejos; es algo que nos nace de forma automática, en la mayoría de las ocasiones sin preguntar si les parece bien a nuestro interlocutor que le demos nuestra opinión. En menos que “canta un gallo” ya está saliendo de nuestras gargantas el famoso “yo que tú”…

La cuestión es que aunque el hecho de dar opiniones/ consejos es algo frecuente no lo es tanto el respetar la toma de decisiones del “otr@”, sobre todo cuando no nos hace caso y posiblemente la “conversación” podría derivar en un

  • “no creo que haga lo que me dices…”
  • “la próxima vez no me pidas mi opinión…”
  • “pero si no te la he pedido…”
  • “pues si me lo cuentas… es porque quieres saber lo que opino ¿no?”….

vender-barato-vender-caroPues no, no tiene porqué; en ocasiones sólo necesitamos que alguien nos escuche, nos sirva de reflejo y nos ayude a liberarnos de nuestros pensamientos.

Si nos encontramos en esta situación no da la impresión que los consejos sean gratuitos, ¿no?

Y aunque pensemos que deberían darse cuenta de que están invadiendo nuestra intimidad o simplemente que no están respetando que nuestra propia opinión sea diferente, por muy taxativa que se ponga la persona que da su consejo… no nos leemos mutuamente el pensamiento.

La clave está en resaltar de forma firme que entendemos que sea su opinión, y que nosotros/as opinamos de forma distinta. Resaltar que agradecemos la intención de ayuda, y pedimos que se respete nuestra forma de ver las cosas igual que respetamos y valoramos la opinión / consejo que nos dan.

A veces tan sólo necesitamos que nos escuchen, no tanto que nos den consejos. Hablar en ocasiones ayuda a ordenarnos las ideas y a ser conscientes de lo que verdaderamente es importante o clave para nosotros/as. Aunque hay algunas diferencias de género en la forma de escuchar, lo que sí es cierto, es que solemos escuchar de la forma en la que me gusta/ necesito que me escuchen, por lo que también podemos hacer que esta reflexión nos sirva como propósito de un ejercicio de empatía y saber cómo necesitan /les gusta a la gente de mi entorno que les escuche.

¿Qué os parece como ejercicio? ¿nos escuchamos más?

Silencio

Silencio by rutroncal

Silencio, a photo by rutroncal on Flickr.

Quiero dedicar esta entrada al silencio, porque hace tiempo que no escribo y en cierto modo he “ejecutado” un silencio virtual (si es que puede llamarse así).
De hecho, he de reconocer que no voy a actualizar de forma retroactiva el blog con respecto a las fotos. Comenzaré el 1 de Enero de nuevo, pasando página, eliminando lo pasado y centrándome en el futuro (y eso que tengo las fotos… ).
Seré honesta conmigo misma y podré asumir que no he cumplido con mi intención, que se ha quedado en eso… en una intención, pero si sigo pensando en el “tengo que” subir las fotos, como lenguaje reactivo que es… no lo haré, por este motivo comenzaré de nuevo y así me daré la oportunidad de disfrutar escribiendo de nuevo.
Ha sido muy gratificante recibir mensajitos bien sea por twitter o por aquí diciendo que se me echa de menos… yo también he echado de menos esta “doble vida” :), bien es verdad que con tanto cambio… me ha venido muy bien la pausa y la priorización y aunque no lo he abandonado del todo (eso creo que a estas alturas sería muy difícil) sí poner el punto de atención en mi.

Además me gustaría compartir hoy un cuento Indio, una historia sacada del libro “Ni lobo ni perro. Por senderos olvidados con un anciano indio” de Kent Nerburn que me parece muy reveladora, además esta semana he tenido la oportunidad de impartir una formación sobre comunicación y me gusta incidir sobre todo en la parte de la escucha. La escucha no entendida sólo por oír las palabras, sino tratando de captar algo más allá. Ser capaces de observar, percibir, sentir al otro para poder escuchar lo que dice… y lo que no dice. El relato dice así:

Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Ésa es la manera de vivir.
Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y mente quietos, y entonces aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar.
Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces. Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.
A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para los indios esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte. Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.
La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.
Existen muchas voces además de las nuestras. Muchas voces.

Dicho lo cual… ¿Cómo os sentís vosotros/as con el silencio? ¿y escuchando?

329/365 Preguntas, canales de comunicación

Sacarina para compensar by rutroncal
Sacarina para compensar, a photo by rutroncal on Flickr.

Cuántas veces hemos escuchado la frase en los distintos cursos de comunicación que: “El responsable de la comunicación es el emisor”, por lo que si el receptor no comprende el mensaje es nuestra responsabilidad el hacernos entender; pero, esta afirmación que en aula la aceptamos (que no significa que la integremos) ¿Cuándo nos damos verdadera cuenta de su poder? Cuando utilizamos esta premisa de forma correcta, y somos capaces de sacarle el máximo partido a esta ley y la aplicamos no sólo para asegurarnos de la comprensión de mi mensaje sino que además soy capaz de hacer las preguntas adecuadas.

En general, no nos damos cuenta de que en función de cómo formulemos una pregunta obtendremos una correcta (o adecuada) comunicación o bien nuestro interlocutor necesitará una aclaración.

Hoy mismo en el tren he tenido la oportunidad de ser testigo de un ejemplo:
Llegado el momento de repartir las bebidas, hay dos azafatas sirviendo. Una pregunta: ¿Azúcar ó sacarina?. La otra: ¿Quiere azúcar o sacarina? (he de decir que esta segunda utilizó un tono de voz sin enfatizar ninguna pausa)

¿Cuál es la mejor pregunta?, evidentemente la califica la calidad de la respuesta. Con la 1ª opción obtendremos el producto que buscamos, el interlocutor responde una cosa u otra. Sin embargo, con la 2ª el interlocutor responde: “Sí!, claro!, por supuesto!” para lo que es necesario una segunda pregunta aclarando que no es un sí o no sino una identificación de lo que desea.

En ocasiones tendemos en comunicación a “liar la madeja” al tratar de “aclararnos” dando más información al interlocutor, por lo que en lugar de conseguir aclarar el mensaje acabamos confudiendo.

Conclusión: Utilicemos frases sencillas y cortas, lenguaje claro y sin ambiguedades y preguntas preferiblemente abiertas (a no ser que por la conversación requiramos un compromiso de SI o NO).

Y como siempre, no sólo hemos de pensar en hablar, sino la clave la obtendremos si observamos y escuchamos tanto a nuestro interlocutor como a lo que nos rodea para saber si vamos por el buen camino.

311/365 Pintxos en pamplona

Pintxos en pamplona by rutroncal
Pintxos en pamplona, a photo by rutroncal on Flickr.

Una de las mejores cosas que tiene internet, es que a través de twitter puedes conocer gente interesante con la que compartes intereses y motivaciones y te ayuda a mantener cerca a tus amigos 1.0 que por circunstancias geográficas viven lejos de tí a diario…
Lo maravilloso de la amistad es enriquecerte de diferentes puntos de vista, experiencias, cualidades, etc.
El miércoles tuve la oportunidad de compartir una tarde estupenda junto a mi @goroji y conocer personalmente a mi “primo” @Erronkari y a @aguitarte, con los que pude compartir una tarde de risas, conversación interesante,… y al final lluvia.
Para reflejar lo que nos aporta la amistad y lo que a veces nos perdemos cuando sólo nos fijamos en nuestra perspectiva, tenemos el siguiente cuento… “Cuento de la amistad”,… para que tengamos en cuenta la potencia que tiene si todos vamos hacia el mismo camino y aportamos nuestro color…
Un día, todos los colores del mundo empezaron a discutir entre ellos, ya que cada uno pretendía ser el mejor, el más importante, el más bello, el más útil, el favorito de todos.

El verde afirmó: “Soy el más esencial, es innegable. Represento la vida y la esperanza. He sido escogido como la hierba, los árboles y las hojas. Sin mí, los animales morirían. Mirad el campo y veréis que soy el que más presente está.”

El azul tomó la palabra: “Tú sólo piensas en la tierra, pero olvidas el cielo y el océano. Es el agua la base de la vida. Y el cielo nos da el espacio, la paz y la serenidad. Sin mí, ninguno de vosotros seríais nada.”

El amarillo se rió ante esas palabras: “Que gracia que me hacéis los dos. Yo aporto la risa, la alegría y el calor al mundo. La prueba es que el sol es amarillo, al igual que la luna y las estrellas. Cada vez que miráis un girasol, el os demuestra que yo soy la vida. Sin mí, no habría ningún placer en esta tierra.”

La naranja elevó su voz entre el tumulto: “Soy el color de la salud y de la fuerza. Tal vez me ven menos a menudo que a vosotros, pero soy útil para las necesidades de la vida humana. Transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, en las calabazas, en las naranjas, en los mangos, en las papayas,… No estoy presente todo el tiempo, pero cuando coloreo el cielo en los amaneceres o atardeceres, mi belleza es tal que se fija ya en vosotros, sólo en mí.”

El rojo que se había mantenido al margen hasta ese momento, tomó la palabra alto y fuerte: “Yo soy el jefe de todos los colores, porque soy la sangre, la energía de la vida. Soy el color del peligro y de la valentía. Siempre estoy dispuesto a pelearme por una causa. Sin mí, la tierra estaría tan vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor, de la Rosa roja, de la Poinsetia y de las Amapolas.”



El púrpura se levantó y habló dignamente: “Yo soy el color de la realeza y del poder. Los reyes, los jefes y los obispos siempre me escogieron porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me interroga: me escuchan y obedecen.”

Finalmente, el índigo tomó la palabra, con mucha más calma que los demás, pero con la misma determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Quizás no me hayáis visto, pero sin mí seríais insignificantes. Represento el pensamiento y la reflexión, la sombra del crepúsculo y las profundidades del agua. Me necesitáis para el equilibrio, el contraste y la paz interior.”

Y así los colores continuaron jactándose, convencidos cada uno de ellos de su propia superioridad. Su disputa se hizo cada vez más fuerte. Pero de repente, un relámpago apareció en el cielo y el trueno gruñó. La lluvia comenzó a caer fuerte. Inquietos, los colores se acercaron unos a otros para sentirse seguros.

Y en medio del clamor, la lluvia tomó la palabra: “¡Idiotas! ¡No dejáis de discutir y cada uno intenta mandar sobre los demás! ¿¡No sabéis que cada uno de vosotros existís por una razón especial, única y diferente? ¡¡Juntad vuestras manos y venid conmigo!!” Los colores obedecieron y unieron sus manos.

Y la lluvia prosiguió: “De ahora en adelante, cuando llueva, cada uno de vosotros atravesará el cielo para formar un gran arco de colores y demostrar que podéis vivir juntos en armonía. El arco iris es un signo de esperanza para la vida. Y cada vez que la lluvia lave el mundo, un arco iris aparecerá en el cielo, para recordar al mundo que debemos amarnos los unos a los otros. “
¿Y tú? ¿has encontrado el color que eres? ¿También tratas de crear un arco-iris con el resto de tus amig@s?
¿Cómo interpretas tú esta lectura?

No he encontrado el autor, pero el cuento lo encontrareis aquí

294/365. La taza de té

Hoy, como todos los días que puedo al rato de comer, me tomo una taza de té con leche… debe ser el espíritu inglés que hay en mí que normalmente sobre las 5 mi cuerpo me lo pide…
Me lo tomo y lo disfruto, cuando estoy en la oficina porque mientras estoy trabajando me permite seguir concentrada y mientras estoy en casa, me permito saborearlo tranquilamente en el sofá mientras veo una serie…
En mis manos además ha caído un cuento japonés que me ha hecho reflexionar sobre el té y sobre los prejuicios y otros elementos que ya he comentado alguna vez en el blog.. de cómo las opiniones forjadas de forma previa y/o los conocimientos estancados nos impiden ser conscientes y escuchar lo que nos rodea… ya que como bien dice el título del blog… “la verdad absoluta no existe”, no?
El cuento “La taza de té”, dice así:
“Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.
Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba papas o remendaba la ropa.
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El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.
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Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo.
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El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.
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– ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
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– Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura, ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones, de su cultura, y conjeturas eruditas y completas, igual que esta taza. ¿Cómo puedo hablarle de la sabiduría, que solo es comprensible a los ánimos sencillos y abiertos, si antes no vacía su taza?”
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El profesor comprendió la lección y desde aquel día se esforzó en escuchar las opiniones de los demás sin despreciar ninguna de ellas.

Puesto que la clave es no juzgar y permanecer atento.”
Y ahora… ¿nos tomamos un té?

202/365 El cielo puede esperar

A veces no hace falta más que esperar a que salga el sol, a escuchar cómo el tiempo por sí solo nos provee de no sólo unos huérfanos rayos de luz, sino de un sol radiante que parece que nos sonríe…
Debe ser que hoy me he levantado inspirada, seguramente porque es Jueves y porque se acercan las vacaciones y porque mi mente y mi cuerpo necesitan ir decelerando poco a poco para poder coger toda la energía que se necesita para terminar el último cuatrimestre del año.
Como siempre, he encontrado un cuento que trata de expresar lo que además quiero transmitir con esto…
El cuento se llama Las Campanas del Templo de Anthony de Mello, y dice así:
“El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía mil campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.

Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas.

Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en el que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó con toda atención.

Pero lo único que oía era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas para poder oír las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.

Persistió en su empeño durante semanas. Cuando lo invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras… para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento. Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adiós al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros.

Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en su corazón…

¡Y en medio de aquel silencio lo oyó! El tañido de una campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra… Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y alegría.”
Sólo tenemos que parar, esperar, y tranquilamente cuando nos relajemos encontraremos aquello que estamos deseando encontrar.

192/365 Detalles de vida…

Arreglada x fin! by rutroncal
Arreglada x fin!, a photo by rutroncal on Flickr.

Tras pasar bastante tiempo sin arreglarla, hoy he llevado el colgante a arreglar y el joyero me ha contado una historia que lamentablemente se repite día tras día en España.
Como le he comentado que tenía que llevarle unos relojes para cambiarle la pila, me ha indicado que cerraba. Que tenía depresión, que tras 30 años en el negocio le tocaba cerrar porque aunque trabaja más de 15 horas al día no logra obtener suficientes beneficios como para mantener el negocio. Que esto le está afectando a nivel personal y profesional, que se lleva la presión a casa y que no quería que encima toda esta circunstancia lo pagara más de lo que lo estaba pagando ya su familia….
Podría dar todos los detalles que me contó, el tratamiento que recibía, enfermedades familiares, … 
Sólo quería compartir, que el hecho de haber ido a arreglar un colgante (que por otro lado era importante para mí), fue la oportunidad de escuchar a alguien que lo necesitaba. 
Todos necesitamos que nos escuchen de vez en cuando,… aunque no tengamos historias bonitas que contar… y sobre todo cuando no las tenemos para contar.