176/365. El calor, ese maldito compañero del verano

Tiene calor... by rutroncal

Tiene calor…, a photo by rutroncal on Flickr.

Animales y personas padecemos en verano las consecuencias de las elevadas temperaturas y/o humedad de nuestras respectivas ciudades de residencia…
Lo que debemos de tener en cuenta es que el calor, no sólo nos afecta físicamente, sino que también afecta a nuestro estado de ánimo, por lo que la pregunta que nos hemos de hacer es ¿estamos preparados para el calor que se avecina?
Físicamente podemos seguir las recomendaciones que la Cruz Roja nos proporciona para diferentes situaciones del día a día, pero además, hemos de ser conscientes también de que el calor también nos afecta anímicamente.
El calor hace que nos sintamos por regla general más apátic@s, con menos ganas de hacer cosas, es posible también que ese calor nos provoque cambios de humor pudiendo estar más irascibles e incluso afectar a nuestro apetito…
Es importante generar hábitos saludables, en los que incluyamos actividades que nos hagan salir de la apatía y encontrar tiempo para hacer cosas que nos estimulen; asimismo, es importante la regulación del sueño y de la dieta (puesto que son dos aspectos que también infieren en nuestro estado de ánimo).
Es posible que el calor no nos deje dormir bien, por lo que procuraremos dormir con una ventana abierta o con algo de aire fresco preferiblemente, sino, el aire acondicionado a una temperatura recomendada de 24,5 +/- 1º en verano para que el cambio no sea demasiado brusco. Con respecto a la dieta, procuremos comer fruta más que helados y preferiblemente agua fresca en lugar de fría (la fruta nos proporcionará vitaminas y si bebemos bebidas excesivamente frías tendremos más calor antes).
Igual que a los animales, los hábitos regulan nuestro estado de ánimo y por tanto, si éstos son saludables, estamos aumentando nuestra tolerancia al estrés, pero esto tiene que completarse con algo más: hemos de aprovechar el tiempo libre y realizar actividades que nos hagan salir de la apatía.
Piensa qué vas a hacer este verano, en qué te gustaría emplear tu tiempo libre (poco o mucho) y hazlo. Tu salud mental y tu entorno te lo agradecerán…

Todos somos personas…

Por amig@s, compañer@s, e incluso por mi familia, que han pasado por diferentes procesos de selección en alguna ocasión, te das cuenta del “maltrato” psicológico que se llega a realizar en ocasiones y cómo en momentos determinados, el tan sólo realizar una llamada o el cómo tratas al candidat@ en entrevista hace que realmente se sienta tratado como persona que otras empresas olvidan.

Me gustaría compartir por tanto, algo que me ha pasado recientemente:

Hace poco realicé un proceso de selección para un puesto directivo; no es que tenga mucho que ver en el caso, pero es un dato. El puesto en concreto es un Director de Producción, un puesto con gran importancia para nuestro cliente.

El caso es que tras hacer el proceso y presentar las candidaturas finales, el cliente se decidió por una persona que también era por la que yo apostaba (todos los finalistas son buenos, y aunque no lo reflejes al cliente para no influenciar, también tenemos nuestras “apuestas personales”)

Esta persona, se incorporó tal y como estaba previsto y tras 20 días, me llama el cliente diciéndome que tenemos que repetir el proceso porque mi candidat@ se ha dado de baja, que ha tenido problemas de salud, relacionados con la tensión y que los médicos le han recomendado que se diera de baja. Para no generar inconvenientes con la organización, esta persona decide solicitar el finiquito para que la empresa pueda buscar otro candidat@.

El cliente, reactiva el proceso (tenemos un periodo de garantía que reactiva el proceso sin coste para el cliente) y me comenta que esta persona quiere llamarme para darme explicaciones de su situación.

Tras esperar unos días, decido llamar ¿por qué? Porque ante todo somos personas y traté de empatizar con mi candidat@… Supuse que bastante le había costado tomar la decisión de darse de baja como para encima tener que darme explicaciones a mí.

No os podéis imaginar cuánto ha agradecido esta persona mi llamada.

La baja de esta persona venía por problemas de hipertensión y el sólo hecho de ponerse en situación de llamarme le generaba más ansiedad, aunque quería hacerlo, pero no se sentía con fuerza,…

Ante todo somos personas, y soy consciente de que en situaciones como ésta, te entran ganas de no llamar al candidat@ y esperar a que se decida a hacerlo por él/ella mism@ sin tener en cuenta lo que puede estar sufriendo y evitar mirar nuestro respectivo ombligo.

No creo que haya hecho nada excepcional, sin embargo el agradecimiento que me ha trasladado esta persona es tan inmenso que hace que reflexione una vez más sobre lo importante que es no dejar de pensar que todos somos personas y que todos influimos en nuestro entorno… Si perdemos el lado humano de las relaciones interpersonales y sólo pensamos en nuestros propios intereses, un día descubriremos y nos daremos cuenta de lo muertos que estamos para percibir lo importante que son las emociones en nuestro día a día… no sólo las nuestras sino de las personas con las que nos encontramos a nivel personal y profesional.

Cómo ver un problema… y ser capaz de ver más de una solución


Después de una semana intensa y llena de debates, me parece interesante recordar una técnica para el análisis de problemas del doctor Edward de Bono.


Ya hace unos cuantos post comentaba la capacidad que tenemos en ocasiones de limitar nuestro enfoque de pensamiento por nuestros propios “mapas del mundo“, paradigmas subjetivos que utilizamos para interpretar lo que vemos y que nos sirven de base para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos.

En muchas ocasiones, esto en lugar de facilitarnos el análisis, nos limita, porque la visión o el enfoque que tenemos del problema es limitada y aunque encontremos una solución que nos pueda servir no tenemos garantizado que sea la mejor o la más adecuada.

Por este motivo, el doctor de Bono ideó una sencilla práctica que consistía en tratar de analizar el problema desde una posición determinada, teniendo en cuenta que existen 6 posiciones distintas y complementarias que nos van a ayudar a conocer de forma casi asegurada toda la dimensión del problema y que contactan directamente con nuestro estado emocional al respecto del problema (“los 6 sombreros para pensar”).

Se identifican seis estados/ posiciones distintas:
  • Neutralidad (Blanco) Considerando puramente qué información está disponible, ¿Cuáles son los hechos?
  • Sentimiento (Rojo) Reacciones viscerales instintivas o declaraciones emocionales (pero ninguna justificación)
  • Juicio negativo (Negro) Lógica aplicada a identificar defectos o barreras, buscando “lo que no casa”.
  • Juicio positivo (Amarillo) Lógica aplicada a identificar beneficios, buscando armonía.
  • Pensamiento creativo (Verde) Informaciones de provocación e investigación, viendo a dónde nos lleva un pensamiento.
  • Proceso de control (Azul) Pensando sobre el pensar.
Para que sea más visual, se identificó cada estado con un color, y cada uno de ellos como si fuera un sombrero distinto para que pudiera ser más fácil adoptar ese estado a través de la colocación de un sombrero en nuestra cabeza.

Ojalá, y aprovechando que los sombreros están de moda, fuera más común esta práctica y nos permitiera no sólo analizar los problemas de una forma más completa, sino incluso facilitaría en más de una ocasión compartir puntos de vista y porqué no, generar acuerdos mucho más sólidos.
Foto sacada de chalo84 de flickr. Más info en el libro “Seis sombreros para pensar” de Edward de Bono

Nuestra serie favorita termina,… ¿que nos pasa?

A la hora de comer, he puesto la TV y en uno de los canales que estaba viendo echaban un capítulo de la serie “Gilmore Girls”, serie que seguía, hasta que como muchas series… terminó, en este caso después de la 7ª temporada y de pronto he sentido una especie de nostalgia… añoranza por esa serie que ya terminó y que no se retomará, como nunca lo hacen con las series que se acaban o cancelan; y es que este mes ha sido un mes de cancelaciones o finalizaciones de series más o menos conocidas pero seguidas por miles de personas: Flashforward, Caso Abierto, Entre Fantasmas,… además de por supuesto el final apoteósico de Lost (yo aún estoy en la 5ª temporada, así que aún me queda camino por recorrer).
El caso, es que después de darle vueltas, encuentro que hay un pequeño proceso de duelo en estas pérdidas de nuestra rutina; mezclamos emociones, compartimos sentimientos (sobre todo si todo un grupo de amigos se reúne para ver un capítulo final :D) … y de pronto se produce una ruptura, una pequeña “muerte”.
Podemos incluso sentir todas las fases que supone una pérdida. En un primer momento, la fase de negación, que puede venir ligada con rabia o enfado por esa pérdida, seguida de una fase de apatía y desinterés, hasta la resolución,… que en este caso es tan sencillo como encontrar un nuevo entretenimiento (ojalá fuera todo tan sencillo)
La verdad, es que esto nos puede pasar al terminar nuestra serie preferida, pero también en el momento en que perdemos un elemento importante de nuestra rutina, donde experimentemos emociones intensas y formen parte de nosotros, es decir, al perder un trabajo (incluso la jubilación experimenta estas fases), un amig@, un animal de compañía, etc…
Hemos de ser capaces de superar estos momentos pasando de nivel a nivel, de fase a fase,… hasta que encontremos una “nueva serie” o un nuevo camino que llene ese hueco que se ha generado en nuestra rutina diaria, porque en el caso de una serie… siempre podemos comprar todas las temporadas, pero… eso no nos vale para todo y en todos los casos ¿verdad?.