Expectativas, esas consejeras bien intencionadas…

Yo, como muchas personas más (espero), soy positiva; en ocasiones, puede ser que en exceso, aunque sin llegar a vivir en “la calle de la piruleta, en la casa de la gominola…”, es decir, trato de ser realista (aunque positiva) y como a veces me digo en plan mantra “ajusta tus expectativas a la realidad”.

Está claro que como ya hemos visto en alguna ocasión en este blog, las expectativas influyen en nuestro resultado, si son positivas, hacen que nos esforcemos más y perseveremos hasta su consecución, si son negativas, siempre encontraremos razones para no poner la última gota de energía en nuestro proyecto (es lo que denominamos como profecía autocumplida).
Evidentemente, esto lo tenemos que tener en cuenta y también conocer lo que ocurre cuando proyectamos nuestras expectativas en los demás (efecto pygmalión) y ser conscientes de que nuestras expectativas generan un resultado … hacia una u otra dirección.
Ahora bien… ¿qué ocurre cuando además de proyectar nuestras expectativas proyectamos nuestros deseos? cuando en lugar de hacer porque se cumplan nuestros sueños, proyectamos nuestros anhelos en las personas que tenemos como acólitos, bien sean nuestros hij@s, … nuestros colaboradores,…
Insisto en que soy de las primeras en ser positiva y sobre todo en reforzar la tolerancia a la frustración de los que me rodean no dejando que se rindan en la consecución de sus metas,… sin embargo, hemos de estar atentos, porque es posible que nos estemos dejando engañar por lo que nos gustaría ver en ellos y no por lo que en realidad pueden llegar a ser y eso puede generar frustración, baja confianza y autoestima y rabia por no sentirse escuchados.
Hace poco un amigo me decía que le preocupaba uno de sus hijos porque deseaba que desarrollara todo su potencial y sin embargo se estaba dando cuenta de que quizás su hijo no era tan capaz como él esperaba que fuera… ¿esto significa que ha de dejar de ayudar a que sea lo máximo que pueda ser? por supuesto que no,… sólo que hemos de ajustar nuestras expectativas también a la realidad para seguir buscando sus sueños y llenándolos de metas posibles. 
¿A vosotr@s que os parece?
Para terminar… un cuento Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle
Se trataba de un hombre que nunca había tenido ocasión de ver el mar.
Vivía en un pueblo del interior de la India. Una idea se había instalado con fijeza en su mente: 
No podía morir sin ver el mar.

Para ahorrar algún dinero y poder viajar hasta la costa, tomó otro trabajo además del suyo habitual. Ahorraba todo aquello que podía y suspiraba porque llegase el día de poder estar ante el mar.

Fueron años difíciles. Por fin, ahorró lo suficiente para hacer el viaje. Tomó un tren que le llevó hasta las cercanías del mar. Se sentía entusiasmado y gozoso. Llegó hasta la playa y observó el maravilloso espectáculo. ¡Qué olas tan mansas! ¡Qué espuma tan hermosa! ¡Qué agua tan bella! Se acercó hasta el agua, cogi

ó una poca con la mano y se la llevó a los labios para degustarla. Entonces, muy desencantado y abatido, pensó:
– !Qué pena que pueda saber tan mal con lo hermosa que es!
Maestro: por ignorancia, cuando tus expectativas no son satisfechas, te desencantas. El ser liberado sólo espera aquello que ocurre.

Y os pongo también un trocito de una de mis películas favoritas “500 days of summer”
¿Cómo andan vuestras expectativas de los que os rodean? ¿y de vosotr@s mism@s?
Feliz semana

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