Cuando la sinceridad dejó de ser un signo de respeto

Muchas personas utilizan la frase “la verdad duele” para utilizar lo que ellos consideran como verdad para ser sinceros y criticar al otro a su antojo.
Hay que diferenciar cuando estamos siendo sinceros y cuando estamos abusando de nuestro propio criterio para tratar de imponerlo a los demás.
La clave es diferenciar la sinceridad pensando en el otro y pensando en la mejora continua o la “sinceridad” diciendo lo primero que me viene a la cabeza con el único objetivo de soltar lo primero que me viene a la cabeza sin pensar en lo que digo, ni cómo lo digo, ni mucho menos teniendo en cuanta a la persona que tengo delante. Es importante tener presente que no podemos decir las cosas tal y como nos vienen a la cabeza con el único objetivo de dar nuestra opinión sobre todas las cosas.
¿Esto quiere decir que he de ocultar mis sentimientos o manera de ver las cosas?, ni mucho menos, lo que ocurre es que tengo que pensar en quién se lo digo y cuándo se lo digo.
Ser sincero, dar nuestra opinión sobre algo a una persona, es con el objetivo de querer modificar algo, mejorar la relación, implantar un cambio de conducta, etc… es decir, en resumen, el objetivo de ser sincero sobre algo en concreto para provocar un cambio en nuestro interlocutor, es a través de la crítica constructiva.
Gracias a la sociedad en la que vivimos, y sobre todo gracias a los medios que estamos más que acostumbrados a ver cada día en la TV, no sabemos realizar críticas constructivas, lo único que aprendemos de lo que vemos es el objetivo de interpelar al otro partiendo de nuestro punto de vista y no desde el de nuestro interlocutor. No buscando un acuerdo, sino que en muchos casos se nos de la razón.
Cuando queremos ser sinceros y aportar una crítica constructiva, lo que queremos es ayudar a nuestro interlocutor a adoptar un cambio que pensamos que puede ser positivo para la persona en cuestión. Pensar en realizar una crítica constructiva es tan fácil y tan difícil como realizar un buen regalo; de hecho, si la crítica está bien hecha, es un regalo.
Para que visualicemos cómo hacemos las críticas, lo compararemos a cuando nos corresponde hacer un regalo; para empezar, tenemos que pensar en la persona que tenemos delante, a la cual queremos hacerle ese regalo y que no nos ha de influenciar cómo de bien me puede caer esa persona, sino cuánto la conozco para saber cuál es el regalo más adecuado para la misma.
¿Compramos un regalo pensando en los gustos de esa persona? o ¿lo compramos en lo que me gustaría a mi? o incluso podemos llegar a comprar un regalo que sabemos que finalmente usaremos nosotros…
Pensemos que hemos encontrado el regalo ideal para esa persona (no a todas las personas encajan los mismos regalos, por que todos tenemos gustos diferentes…). Muy bien. ¿Cómo y cuándo se lo damos?
Pensar en la diferencia que supone, que aunque me regalen lo que yo más deseo o necesito, es decir, partiendo del mismo regalo, del mismo contenido, pero:
– Opción A.- me lo entreguen envuelto en un papel de periódico “sucio”, arrugado y con mal aspecto y además que sea de sopetón, en un encuentro de pasillo….
– Opción B.- el regalo esté envuelto con un papel delicado, dentro de una caja y en un momento que favorezca la apertura de ese regalo y con un disfrute especial por abrirlo…
¿Cómo preferiríamos que fuera el regalo que nos tocara abrir? obviamente, preferiríamos la situación que más se acercara a la opción B, ¿verdad?
Pues con respecto a la crítica constructiva, al momento de ser sinceros,… tenemos en cuenta los mismos criterios. Hemos de tener en cuenta a la persona, con sus aspectos positivos, intereses y sentimientos, diciéndolo de la mejor manera posible para que la persona no lo tome como una afrenta o como una ofensa, sino como una aportación positiva para su desarrollo y sobre todo… hay que buscar el momento más adecuado, ni en el mismo momento, ni pasados 3 meses, en la misma semana sería un tiempo adecuado para hacerlo.
Finalmente, tengamos presente: los elogios en público… las críticas… personalizadas y en privado. Parece de sentido común, pero… lamentablemente parece ser el menos común de todos los sentidos.
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