361/365 De formacion interna

De formacion interna by rutroncal
De formacion interna, a photo by rutroncal on Flickr.

No hay nada como tener oportunidad al final del año de poder invertir en nosotros… 
Como formador/@ es muy importante la capacidad para reinventarte, para ser consciente de que estás en continuo aprendizaje y que es fantástico cuando llega el momento de cambio de rol y en lugar de estar formando, pasas a formarte…
Aprendes no sólo del contenido, no sólo con respecto al ambiente con tus compañer@s, sino también de las situaciones que vives día a día en el aula y que viene bien de vez en cuando ponerte al otro lado de la mesa.

El arte de enseñar


Cuando te dedicas a dar formación, uno de los principales objetivos que se ha de proponer el formador es precisamente ser un facilitador, un promotor del crecimiento y/o desarrollo, un impulsor… (a fin de cuentas en muchas organizaciones se utiliza la formación como herramienta de motivación), pero más allá de que el curso salga bien, los asistentes participen, se cubran los objetivos formativos… hemos de procurar “plantar semillas”.

Es difícil cambiar viejos hábitos en actitudes y/o comportamientos si no acompañamos esta formación o esta intención de cambio de un plan de acción; lamentablemente, éste no es suficiente, necesitas el compromiso y la inquietud personal por lograr ese cambio. En realidad, necesitas: Introspección, Voluntad y Compromiso.

Introspección para conocerte y saber dónde están tus puntos fuertes y puntos débiles, Voluntad para querer cambiar y Compromiso para mantener el esfuerzo y llevar a cabo tu plan de acción personal.

Los cambios actitudinales y/o comportamentales pueden venir inspirados por personas que pueden ser figuras de transición, por formación, por conocer nuevas formas de hacer las cosas y / o cambiar nuestros paradigmas, pero nadie puede obligarnos a cambiar, nadie lo va a hacer por nosotros, así que depende de nosotros marcarnos el nuevo horizonte o sinfín de nuestro éxito. Somos nosotros mismos los motores de nuestro desarrollo.

Por eso, para finalizar los cursos me gusta la siguiente reflexión de Unamuno:

«…Mi empeño es, ha sido y será que los que me lean piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darles pensamientos hechos. Yo he buscado siempre agitar y, a lo sumo, sugerir más que instruir. No vendo pan, sino levadura».

Espero haber podido ser esa semilla… sé que sí, a fin de cuentas… “Un viaje de mil millas, comienza sólo con un paso…” y a veces, sólo el hecho de que se reflexione y se de uno cuenta que hay más opciones posibles y que no hay soluciones únicas (cuando se habla de relaciones interpersonales y/o habilidades…) es el principio para el cambio del paradigma y la necesidad de cambiar.

La excelencia interpersonal, cada día que pasa, un deber como trabajadores y como personas

Cuántas veces habremos oído frases como: “es un excelente profesional”, “es una excelente persona” o incluso “es un excelente amig@”…


Una de las cuestiones a abordar antes de tratar un término tan sujeto a interpretaciones, es ¿qué es ser Excelente?, depende a quien tomemos como punto de partida y en función de los niveles de exigencia, propios e impuestos, podemos hablar de términos muy diferentes.


La RAE define el término Excelencia como: “1.- Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación”


En las empresas podemos hablar de trabajadores excelentes, ¿pero realmente tenemos claro qué es lo que significa? ¿Qué repercusión tiene a nivel competencial? Hablar de términos que sugieren un valor máximo de competencia puede llevar connotaciones diferentes en función del entorno.


Hoy por hoy, trabajar en una organización no sólo significa cumplir tus objetivos y tener un buen desempeño, sino relacionarnos y trabajar con gente; de hecho, ya estamos cada vez más mentalizados: trabajamos con clientes internos para clientes externos y que todos interactuamos, ya que los procesos son transversales y somos parte de una gran red.


S. Covey estudió los rasgos del carácter que presentaban las personas que tenían éxito y de ahí logró definir los “7 Hábitos de las personas altamente efectivas” como objetivo de desarrollo.


Para calificarnos como excelentes, a nivel interpersonal, hemos de marcarnos como principal objetivo identicar las claves para conocer, formar y afianzar una red de relaciones adecuada a nuestros objetivos profesionales y las habilidades necesarias para ello.


Asertividad, comunicación, la conciencia autocrítica,… conceptos que hasta el momento se han trabajado desde el desarrollo personal, hemos de plantearnos desde el punto de vista requerido para la excelencia en el desempeño de cualquier puesto.


Además elemento complementario para calificarnos como excelentes, hemos de tener en cuenta la influencia como capacidad de negociación, siempre partiendo desde la cooperación (no en el sentido negativo de la manipulación)


Todo esto supone un ejercicio de autoconocimiento, no sólo de los objetivos profesionales, sino también de nuestra posición dentro de la organización. Hemos de conocer no sólo cuál es nuestra misión, nuestros objetivos y quién/nes de nuestra organización y fuera de ella participan en este complejo proceso.


Partiendo de ese punto, necesitamos capacidad de autocrítica para analizar consecuencias y asumir retos, ser asertivos y firmes en nuestras relaciones y decisiones, teniendo claros nuestros objetivos. Lo importante es la creación de relaciones establecidas con la base de la confianza, de la cooperación, del ganar – ganar.


La clave es la comunicación, aprender a comunicarnos con un objetivo y como ese objetivo puede ser retroalimentado por todos los que puedan participar en un proceso organizativo y / o proyecto.