339/365 El gran palacio ¿de la verdad o de la mentira?

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El miércoles tuve una reunión con un cliente y sus oficinas están en un antiguo palacete de la calle caballeros… una maravilla reformada.
Dicho palacete me ha recordado a un cuento de Pedro Pablo Sacristan titulado “El Gran Palacio de la mentira”, a ver qué os parece, dice así:

“Todos los duendes se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor.
Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco a poco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.
Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.”
Para mi las mentiras para que se sostengan, se sostienen unas en otras,… y al final se desmoronan porque es difícil sostener una mentira y que se mantenga en el tiempo sin que se resquebraje por algún sitio… a veces nos engañamos a nosotros mismos pensando en que somos honestos, cuando en realidad evitamos decir la verdad,… ¿cuando?
– Cuando tergiversamos la verdad
– Cuando damos vueltas aportando un montón de información que no lleva a ningún sitio
– Cuando directamente nos callamos algo que sabemos a pesar de que pueda ser relevante para nuestro interlocutor
o – Cuando atacamos para que no nos pregunten…
Decir la verdad supone ser consciente y responsable de lo que se dice, cómo se dice y a quien se le dice… diferenciar básicamente entre ser sincero y ser directo.
¿No creeis?
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Empatía y Asertividad: palabras frecuentes, los hechos… no tanto

Últimamente, tanto en las entrevistas que hago como en los cursos que imparto, la gente presume de ser asertiva y/ o con empatía.
Parece ser que todo el mundo se ha concienciado que ser empátic@ y ser asertiv@ “vende”, que es lo que todos queremos oír, sobre todo si estamos hablando de procesos de selección, y encuentran la manera de destacarlo de alguna manera a lo largo de la entrevista.
Lo más absurdo del asunto, es que ya me he encontrado en más de una situación, en la que el candidat@ en cuestión acaba de destacar su capacidad de conectar y empatizar con todo el mundo así como su capacidad de escucha y no se da cuenta de que lleva 30 minutos hablando sin parar y sin visos de dejar de hacerlo. Su comportamiento demuestra la verdadera realidad.
En primer lugar hay que diferenciar la asertividad de la empatía. Son dos habilidades relacionales que serán efectivas profesionalmente en función del puesto que tengamos que desempeñar. Por regla general, la asertividad será un tipo de comportamiento deseable en cualquier tipo de posición y sin embargo el ser excesivamente empático no será conveniente en ciertos puestos (lo que no quiere decir que no valoremos la estabilidad emocional y/o madurez).
La asertividad, es el tipo de comportamiento que aprendemos a adoptar gracias a las relaciones sociales. Es la forma efectiva de interrelacionarnos facilitando la comunicación transparente, el respeto mutuo, la autoconfianza, la educación, la escucha, la firmeza sin imposición, etc… en realidad, si nuestra profesión exige que estemos en contacto con las personas de forma constante, aunque no conozcamos la palabra… seguramente seamos tendentes a ser asertivos. ¿Por qué? porque todo el mundo sabe cómo se debe comportar con la gente (el famoso “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a tí y trata a la gente como te tratarías a tí mismo”)
La empatía es un proceso de conexión interpersonal más complejo, porque no sólo conlleva la comunicación entre dos personas, sino significa conocer las emociones de nuestro interlocutor y sentir lo que está sintiendo en una situación en concreto. Es por esto mismo, que en determinadas posiciones no sea conveniente ser excesivamente empático si eso de alguna forma va a afectar a la objetividad de nuestra toma de decisiones. Hemos de asumir, que empatizar, significa comprender, no aceptar.
Bien, la conclusión a la que me gustaría llegar, es que para trabajar la asertividad y la empatía, como primer pilar ha de existir la honestidad, el ser íntegro y coherente. Tanto si hacemos una entrevista como si estamos en un proceso de coaching eso es lo más importante. No presumamos de algo que no somos cuando los hechos, nuestros comportamientos son contrarios a lo que presumimos ser.
Foto sacada de elgatomenta en flickr

El egoista, ¿nace o se hace?

¿Qué es lo que hace ser a una persona egoísta? Por mucho que trato de comprender la psicología humana, hay veces en que todavía no entiendo porqué no evolucionaremos un mínimo común en cuanto a todo lo necesario a las relaciones interpersonales, a fin de cuentas, somos seres sociales, ¿no?
Se supone que es a cierta edad cuando dejamos de posicionar el “yo” en primer lugar y aprendemos a que hay un nosotros, un tú e incluso un vosotros; está claro que esto lo vamos asimilando cuando nos vamos dando cuenta de que para los demás soy un “tú”, un “nosotros” e incluso un “vosotros”, y cuando vamos siendo conscientes de esto, comenzamos a ser menos egoístas (en un primer momento, porque nos interesa, ¡claro!)
Pero… ¿quién es el responsable de hacernos evolucionar? ¿quién nos motiva a pensar en algo más que no sea en uno mismo?. Se supone que es nuestro entorno (familiar, profesional, social…), nuestras experiencias, nuestra conciencia, educación, etc… la que nos permite pasar de nivel además de nuestra propia personalidad.
Ahora, si la sociedad en que vivimos, te exige cada día el ser competitivo, si no interaccionamos sino que intercambiamos, no nos comunicamos sino que damos y recibimos información, … si no reflexionamos porque el día a día no nos deja tiempo, sino que actuamos de forma reactiva… no aprendemos. Entonces, ¿supeditamos el aprendizaje de este valor a la genética? ¿a la personalidad de cada uno?
Si no aprendemos a dejar de ser egoístas … ¿cómo llegaremos nunca a trabajar en equipo? porque eso sí, da igual la empresa en la que trabajemos, da igual el sector o el puesto que desempeñes. Uno de los valores o competencias críticas que todas las empresas dice tener o valorar, seguro que es el trabajo en equipo.