17/365 Candles in the night

Candles in the night by rutroncal
Candles in the night, a photo by rutroncal on Flickr.
Quisiera compartir un cuento, se llama “Las 4 velas”, nos recuerda que la esperanza es lo último que se pierde y ayuda a que si “encendemos” la llama de la esperanza podemos recuperar todo lo demás.
Dice así:
“Eran 4 velas encendidas,titilantes,tibias.
El silencio tan profundo de la habitacion casi permitia escuchar su diálogo:
La primera vela suspiró, y con suave voz dijo:
“-los hombres no reconocen que estoy en el corazón de cada uno de ellos, pierden sus vidas buscándome por todos lados sin encontrarme, estoy agotada…”
Una suave brisa entró por la ventana,y la vela de la PAZ se apagó.
La segunda vela, en un susurro como para
sí misma, dijo:
“-los hombres,desafortunadamente,no creen en mi, renuncian a mi sin darse cuenta que existo en cada uno de ellos…”
y lentamente, como dejandose morir, la vela de la FE se apagó.
La tercera vela, con una voz que costaba escucharla, dijo:
“-y yo,que estoy en todas partes y no me ven? luchan y mueren en mi nombre,Yo no quiero eso. Acaso no pueden ver que cada uno de ellos es el AMOR?”
y sin mas,se apagó.
La niña entró en el cuarto en penumbra, viendo sólo una vela encendida se dirigió hacia las otras,
“-pero que pasa aquí? que hacéis que estáis apagadas?”
Entonces, la cuarta vela dijo a viva voz:
“-no te preocupes niña, mientras yo este viva, ellas tres tambien lo estarán”
La niña tomo la vela de la ESPERANZA y con ella nuevamente encendió las otras tres.”

273/365. Ejercitar la paciencia

El sábado significa descanso, significa desconexión, significa recuperar el “momento zen” de cada uno… y es que hay que ejercitar la paciencia para que el resto de la semana podamos estar al máximo rendimiento sin dejarnos influenciar por el estrés…
Para esta pequeña moraleja… un cuento.
Ejercitar la paciencia
A cierto mandarín le habían ofrecido un destacado cargo oficial. Preocupado por la responsabilidad, el hombre se reunió con un amigo de la infancia y lo puso al corriente de la situación. El amigo le dijo:
— Lo que te recomiendo es que siempre seas paciente. Es muy importante. No lo olvides, ejercítate sin descanso en la paciencia.
—Te prometo que así lo haré —aseguró el mandarín.

Mientras los dos comenzaban a disfrutar de un sabroso té, el amigo repitió:
—Sé siempre paciente. No dejes de ser paciente, suceda lo que suceda.

El mandarín asintió con la cabeza pero, unos minutos después, el amigo insistió:
— No lo olvides: adiéstrate en la paciencia. 
—Lo haré, lo haré —repuso el mandarín. 

Cuando iban a despedirse, el amigo añadió: 
— Recuerda que tienes que ser paciente. 

Entonces el mandarín, exasperado, exclamó: 
— ¡Me tomas por un estúpido! Ya lo has dicho varias veces. Deja de una vez de advertirme sobre lo mismo.

El amigo se limitó a sonreír y el mandarín comprendió inmediatamente el motivo. Algo avergonzado, lo abrazó y le agradeció la lección.
Cuento popular chino, leído en Cuentos con Luz Propia