Todos somos personas…

Por amig@s, compañer@s, e incluso por mi familia, que han pasado por diferentes procesos de selección en alguna ocasión, te das cuenta del “maltrato” psicológico que se llega a realizar en ocasiones y cómo en momentos determinados, el tan sólo realizar una llamada o el cómo tratas al candidat@ en entrevista hace que realmente se sienta tratado como persona que otras empresas olvidan.

Me gustaría compartir por tanto, algo que me ha pasado recientemente:

Hace poco realicé un proceso de selección para un puesto directivo; no es que tenga mucho que ver en el caso, pero es un dato. El puesto en concreto es un Director de Producción, un puesto con gran importancia para nuestro cliente.

El caso es que tras hacer el proceso y presentar las candidaturas finales, el cliente se decidió por una persona que también era por la que yo apostaba (todos los finalistas son buenos, y aunque no lo reflejes al cliente para no influenciar, también tenemos nuestras “apuestas personales”)

Esta persona, se incorporó tal y como estaba previsto y tras 20 días, me llama el cliente diciéndome que tenemos que repetir el proceso porque mi candidat@ se ha dado de baja, que ha tenido problemas de salud, relacionados con la tensión y que los médicos le han recomendado que se diera de baja. Para no generar inconvenientes con la organización, esta persona decide solicitar el finiquito para que la empresa pueda buscar otro candidat@.

El cliente, reactiva el proceso (tenemos un periodo de garantía que reactiva el proceso sin coste para el cliente) y me comenta que esta persona quiere llamarme para darme explicaciones de su situación.

Tras esperar unos días, decido llamar ¿por qué? Porque ante todo somos personas y traté de empatizar con mi candidat@… Supuse que bastante le había costado tomar la decisión de darse de baja como para encima tener que darme explicaciones a mí.

No os podéis imaginar cuánto ha agradecido esta persona mi llamada.

La baja de esta persona venía por problemas de hipertensión y el sólo hecho de ponerse en situación de llamarme le generaba más ansiedad, aunque quería hacerlo, pero no se sentía con fuerza,…

Ante todo somos personas, y soy consciente de que en situaciones como ésta, te entran ganas de no llamar al candidat@ y esperar a que se decida a hacerlo por él/ella mism@ sin tener en cuenta lo que puede estar sufriendo y evitar mirar nuestro respectivo ombligo.

No creo que haya hecho nada excepcional, sin embargo el agradecimiento que me ha trasladado esta persona es tan inmenso que hace que reflexione una vez más sobre lo importante que es no dejar de pensar que todos somos personas y que todos influimos en nuestro entorno… Si perdemos el lado humano de las relaciones interpersonales y sólo pensamos en nuestros propios intereses, un día descubriremos y nos daremos cuenta de lo muertos que estamos para percibir lo importante que son las emociones en nuestro día a día… no sólo las nuestras sino de las personas con las que nos encontramos a nivel personal y profesional.