Tropezar no es malo…

tropezarNueva propuesta de nuestra coaching de cabecera, la última antes de las vacaciones, porque sí, nos vamos de vacaciones, es justo y necesario… pero eso ya os lo iré contando estos días que hoy tenemos invitada y no hay que ser descortés.

Dicen que el hombre (barra) mujer es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y tres si son pequeñas, pero de ahí a cogerle cariño a ésta pues no sé yo si es para tanto.

Tropezar no es malo, si del tropezón sacamos una buena enseñanza, o como leía estos días por ahí (redes sociales varias, perdón si no cito la fuente):

“Unas veces se gana y otras se aprende”

Y digo yo, ¿no será que hay gente que, cariños a parte, necesita tener una piedra con la que tropezarse? O peor aún, ¿no será que hay gente que necesita tener siempre una piedra a mano con la que justificar sus tropiezos sin tener que asumir sus errores y aprender de los mismos?

Y yo me lo pregunto… y nuestra querida Rut Roncal seguro que tiene alguna respuesta.

¿Respuestas? Muchas…

Yo creo que todos necesitamos piedras de vez en cuando. Sobre todo cuando estás aprendiendo. Es difícil que te des cuenta de todo lo bien que puedes hacer algo si antes no te has equivocado un par de veces. Lo fácil a la primera hace que dejemos de prestar atención a los detalles, por lo que la próxima vez que lo intentemos es posible que no nos salga tan bien como nos salió la primera vez… necesitamos equivocarnos.

Lo cual no significa que necesitemos de ir acompañados de la piedra a todas partes…  Además de que por otro lado si yo comienzo un proyecto / un tema pensando en que me voy a caer, no me estoy dando cuenta de que estoy generando el entorno más adecuado para que eso ocurra. Este concepto se llama “profecía autocumplida y realmente condiciona nuestros resultados en función de lo que esté pensando (cuando los demás depositan expectativas en nosotros/as también están condicionando un resultado, a esto se le conoce como efecto Pygmalion).

Es la base del pensamiento positivo. Si tú quieres, puedes. No tienes más que ser consciente de los mensajes que de forma automática te están dictando a ti mismo/a para que te des cuenta de en qué medida estás condicionando tu resultado. Pongamos un ejemplo: si yo salgo por la calle con unos patines, estoy aprendiendo y por tanto no los domino del todo y no hago más que decirme a mí mismo/a “me voy a caer”, “ya verás, como me caigo”, “seguro que pillo una piedra y me tropiezo y me doy de bruces”… estoy concentrando toda mi atención en la caída, por lo que seguramente me vaya a caer de un momento a otro. ¿Quiere decir que si me concentro en no caerme, no lo haré? Quizás no, pero ten por seguro que tendrás menos probabilidades de hacerlo.

cuentoSi esto lo aplicamos al mundo laboral también pasa. Cuántas veces nos habrá pasado que centrados en esa nueva actividad, o debido a ese determinado cliente, o quizás porque no hemos dormido bien… me centro en todo lo mal que puedo resolver el día… sin querer queriendo estoy comprando muchos números en encontrarme con que mi mayor temor se convierte en realidad.

La cuestión es que como no empecemos a ser conscientes, estos temores pueden convertirse en “etiquetas” y lo peor es que daremos por hecho que “somos así” y la intención de cambio quedará difuminada porque asumiremos que no hay manera de cambiarlo.

¿Y ahora bien? ¿Con qué mensajes os queréis quedar? ¿Queréis quedaros con la piedra o sólo el tiempo justo para aprender? Ya lo dice un proverbio ruso: “Caerse está permitido, levantarse es obligatorio” o como dice Paulo Coelho “Solo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias, creándolas si no las encuentra”.

Para terminar me encantaría compartir con vosotros/as 2 vídeos. El primero de ellos es una niña de 3 años que nos enseña a su manera Qué es Pensar en positivo… ¿nos atrevemos a imitarla?

https://www.youtube.com/watch?v=SQIVslZIMXI

El segundo, es un vídeo de 7:30 min que nos invita a revisar nuestros paradigmas y a identificar que las piedras nuevas o el superar las que hemos asumido como propias, suponen salir de nuestra zona de confort.

https://www.youtube.com/watch?v=RSUykLfEmVE

¿Recordáis la película “Atrapado en el tiempo”? ¿Queréis estar atrapados por vuestras respectivas piedras?

https://www.youtube.com/watch?v=czRQbUk2Gzs

 

Autores:

Iñaki González (@goroji)                                                                 Rut Roncal (@rutroncal)

Técnico Gestión RRHH de FHC                                                                Gerente en Cegos

Autor del blog: SobreviviRRHHé!                     Autora del blog: La verdad absoluta no existe

Expectativas, esas consejeras bien intencionadas…

Yo, como muchas personas más (espero), soy positiva; en ocasiones, puede ser que en exceso, aunque sin llegar a vivir en “la calle de la piruleta, en la casa de la gominola…”, es decir, trato de ser realista (aunque positiva) y como a veces me digo en plan mantra “ajusta tus expectativas a la realidad”.

Está claro que como ya hemos visto en alguna ocasión en este blog, las expectativas influyen en nuestro resultado, si son positivas, hacen que nos esforcemos más y perseveremos hasta su consecución, si son negativas, siempre encontraremos razones para no poner la última gota de energía en nuestro proyecto (es lo que denominamos como profecía autocumplida).
Evidentemente, esto lo tenemos que tener en cuenta y también conocer lo que ocurre cuando proyectamos nuestras expectativas en los demás (efecto pygmalión) y ser conscientes de que nuestras expectativas generan un resultado … hacia una u otra dirección.
Ahora bien… ¿qué ocurre cuando además de proyectar nuestras expectativas proyectamos nuestros deseos? cuando en lugar de hacer porque se cumplan nuestros sueños, proyectamos nuestros anhelos en las personas que tenemos como acólitos, bien sean nuestros hij@s, … nuestros colaboradores,…
Insisto en que soy de las primeras en ser positiva y sobre todo en reforzar la tolerancia a la frustración de los que me rodean no dejando que se rindan en la consecución de sus metas,… sin embargo, hemos de estar atentos, porque es posible que nos estemos dejando engañar por lo que nos gustaría ver en ellos y no por lo que en realidad pueden llegar a ser y eso puede generar frustración, baja confianza y autoestima y rabia por no sentirse escuchados.
Hace poco un amigo me decía que le preocupaba uno de sus hijos porque deseaba que desarrollara todo su potencial y sin embargo se estaba dando cuenta de que quizás su hijo no era tan capaz como él esperaba que fuera… ¿esto significa que ha de dejar de ayudar a que sea lo máximo que pueda ser? por supuesto que no,… sólo que hemos de ajustar nuestras expectativas también a la realidad para seguir buscando sus sueños y llenándolos de metas posibles. 
¿A vosotr@s que os parece?
Para terminar… un cuento Fuente: 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle
Se trataba de un hombre que nunca había tenido ocasión de ver el mar.
Vivía en un pueblo del interior de la India. Una idea se había instalado con fijeza en su mente: 
No podía morir sin ver el mar.

Para ahorrar algún dinero y poder viajar hasta la costa, tomó otro trabajo además del suyo habitual. Ahorraba todo aquello que podía y suspiraba porque llegase el día de poder estar ante el mar.

Fueron años difíciles. Por fin, ahorró lo suficiente para hacer el viaje. Tomó un tren que le llevó hasta las cercanías del mar. Se sentía entusiasmado y gozoso. Llegó hasta la playa y observó el maravilloso espectáculo. ¡Qué olas tan mansas! ¡Qué espuma tan hermosa! ¡Qué agua tan bella! Se acercó hasta el agua, cogi

ó una poca con la mano y se la llevó a los labios para degustarla. Entonces, muy desencantado y abatido, pensó:
– !Qué pena que pueda saber tan mal con lo hermosa que es!
Maestro: por ignorancia, cuando tus expectativas no son satisfechas, te desencantas. El ser liberado sólo espera aquello que ocurre.

Y os pongo también un trocito de una de mis películas favoritas “500 days of summer”
¿Cómo andan vuestras expectativas de los que os rodean? ¿y de vosotr@s mism@s?
Feliz semana