190/365. Para, respira y prepárate para tomar una decisión

Vías de tren, aceras sin fin, al sol que más calienta… ojalá hubiéramos sido la tortuga de este cuento,… quizás hubiéramos encontrado el camino de forma más efectiva sin deshidratarnos… jajajajaa

Es el “cuento de la tortuga” de Carreras, Ll. Y otros (Cómo educar en valores).

“Había un a vez una tortuga que había perdido la memoria y no se acordaba del camino de regreso a su casa. Estaba perdida en el bosque y lloraba. Lloró tanto que el bosque empezó a llenarse de lágrimas.

Esto ocasionó problemas a los enanos del bosque, ya que entraba agua (lágrimas) en sus casas.
Decididos a buscar el origen de tal “inundación”, salieron de sus casas para saber cuál era el problema.
Pronto encontraron a la tortuga llorando desesperadamente y le preguntaron:
-Tortuga, ¿por qué lloras tanto?
-He perdido la memoria y no sé la forma de regresar a casa.
Los enanos tuvieron una ocurrencia. Le colocaron una hierbas mágicas dentro del caparazón y le dijeron:
-Cada vez que quieras saber lo que debes hacer, pon la cabeza dentro del caparazón, hueles las hierbas mágicas y empiezas a pensar. ¡Verás qué bien funciona!
La tortuga así lo hizo: puso la cabeza dentro del caparazón, olió las hierbas mágicas y pensó: “¿Cuál es la forma de regresar a casa?” A continuación adoptó la postura del pensador y dijo:
-¡Ah!, ya me acuerdo, he de subir este monte y bajar por la orilla del torrente.
La tortuga salió del caparazón, dio las gracias a los enanos y se dirigió hacia su casa.
A partir de aquí, la tortuga siempre supo lo que debía hacer: cuando no se acordaba de algo, ponía la cabeza en el caparazón, pensaba y decidía”.